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Por: Charles Spurgeon

Alrededor de las cinco de la tarde, salió y encontró a otros más que estaban sin trabajo. Les preguntó: «¿Por qué han estado aquí desocupados todo el día?» «Porque nadie nos ha contratado», contestaron. Él les dijo: «Vayan también ustedes a trabajar en mi viñedo». MATEO 20:6-7

He esperado bastante por un tiempo favorable, pero recuerdo que Salomón dijo: «Quien vigila al viento, no siembra; quien contempla las nubes, no cosecha» (Eclesiastés 11:4). ¿Puedo ver aquí a algunos que han sido miembros de la iglesia durante años aunque todavía no han hecho nada para el Señor? Si has sido un siervo de Dios durante muchos años y aún realmente no has trabajado por la salvación de las almas, quiero que ahora sencillamente te digas: «Vamos, realmente tengo que trabajar en esto». Pronto irás a casa y cuando tu Maestro te diga: «¿Sembraste algo para mí?», tendrás que responderle: «No, Señor, comí mucho. Fui al tabernáculo y disfruté los servicios». «Pero, ¿sembraste algo?» «No, Señor, acaparé mucho; almacené una gran cantidad de la buena semilla». «Pero, ¿sembraste algo?», te volverá a preguntar él y esa será una pregunta terrible para aquellos que nunca salieron a sembrar.

No sé cuán lejos estarás yendo, pero que quede escrito para ti hoy: «Los sembradores salieron a sembrar»; salieron con la determinación de que por el poder del vivo Espíritu de Dios, aquellos que son redimidos por la sangre preciosa de Jesús darían a conocer su evangelio a los hijos de los hombres, sembrando esa buena semilla en cualquier lugar en el que tengan la oportunidad, confiando en Dios para hacer que la semilla crezca y se multiplique.


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