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Por: John MacArthur

Este artículo forma parte de la serie: Los dones espirituales

Dios nunca ha cesado de realizar milagros, y continúa hoy sanando milagrosamente y obrando en otras formas sobrenaturales conforme a su voluntad soberana. Pero la Biblia registra solo tres períodos de la historia en los que los seres humanos recibieron el don de hacer milagros.

El primer período vino durante el tiempo de Moisés y, Josué, el segundo durante los ministerios de Elías y Eliseo, y el tercero durante el ministerio de Jesús y los apóstoles. Cada uno de esos períodos duró solamente unos 70 años y luego terminó de forma abrupta.

La única otra era de milagros vendrá durante el reino milenario y la fuente de esos milagros aparece descrita como “los poderes del siglo venidero” (He. 6:5). El último milagro registrado en el Nuevo Testamento en el cual Dios obró por medio de un instrumento humano ocurrió alrededor del año 58 (Hch. 28:8). Desde ese tiempo hasta el año 96, cuando, Juan completó el Apocalipsis, no se menciona ni un solo milagro de esa clase.

La era de los milagros del Nuevo Testamento tenía el propósito de confirmar la Palabra como había sido dada por Jesús y los apóstoles, de ofrecer el reino a Israel y de dar un anticipo, una muestra, del reino. Cuando Israel le volvió la espalda a Cristo y su reino, era ya “imposible… [que fueran] otra vez renovados para arrepentimiento” (He. 6:4-6) y el evangelio fue entonces ofrecido a los gentiles. La enseñanza de Cristo y de los apóstoles había sido confirmada a Israel “con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo” (He. 2:3-4). Es interesante que, aunque Hebreos fue escrito tan pronto como los años 67 o 68, el escritor habla allí de esta confirmación (ebebaióthé, ind. aor. pas) en un tiempo verbal pasado, como si las señales, prodigios y milagros hubieran cesado. Esos dones estuvieron ligados de forma única a los apóstoles (2 Co. 12:12).

Fragmentos del Comentario MacArthur del Nuevo Testamento: Primera Corintios pág 418.


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