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Por: Juan Calvino.

Este artículo forma parte de la serie: 365 días con Juan Calvino.

En mi angustia invoqué a Jehová, y clamé a mi Dios. Él oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos. Salmo 18:6

LECTURA ADICIONAL RECOMENDADA: 1 Pedro 3:8-12

Cuando David estaba a punto de precipitarse en el abismo de la muerte, elevó su corazón al Cielo en oración. Tal ejemplo de fe verdadera se nos presenta para que no nos abstengamos de orar por muy duras y gravosas que sean nuestras adversidades. La oración reportó a David los maravillosos resultados de los que habla más adelante, cuando el poder de Dios obró su liberación.

Al afirmar que clamó al Señor, David subraya el fervor y la intensidad de su afecto al orar a Dios. Al denominar a Dios mi Dios, David se diferencia de los detractores de Dios o de los hipócritas, que le invocan de forma atropellada en épocas convulsas de necesidad, pero que no acuden a Dios de manera familiar y con un corazón puro, puesto que nada saben de su bondad y su favor paternales.

Al acercarnos a Dios en oración, pues, la fe debe ir por delante para iluminar el camino y convencernos plenamente de que él es nuestro Padre. Y entonces las puertas se abren y podemos conversar libremente con él, y él con nosotros. Al llamar a Dios su Dios y ponerle de su lado, David también da a entender que Dios se opone a los enemigos de su siervo. Esto nos muestra asimismo que al salmista le motivaba el temor de Dios y una piedad verdadera.

El término templo que emplea David aquí no significa el santuario terrenal de Dios; significa el Cielo, puesto que la descripción inmediatamente posterior no es aplicable a un santuario terrenal. Al utilizar esa expresión David afirma que, cuando estaba abandonado y desamparado en el mundo, y todos los hombres hacían oídos sordos a su petición de auxilio, Dios tendió su mano desde el Cielo para salvarle.

MEDITACIÓN: Es difícil confiar en unos oídos que no vemos. Sin embargo, tal como se ocupa de señalar Calvino, la fe ilumina el camino y nos convence de que Dios escucha nuestro clamor. David tenía esa clase de fe; y, al mostrar cómo clamó a Dios cuando corría un grave peligro, el salmista nos garantiza que también nosotros encontraremos abiertos los oídos de Dios cuando oremos.

Tomado de «365 días con Juan Calvino«, lecturas seleccionadas y editadas por Joel Beeke, puedes adquirirlo en este enlace. 

*Juan Calvino (1509-1564) fue un reformador francés, pastor y teólogo, considerado entre los más grandes reformadores protestantes, lea más de su biografía en este enlace.



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