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Por: A.W. Pink

Este artículo forma parte de la serie: «Los beneficios de guardar nuestro corazón«

El ser diligente en guardar el corazón hará que el alma se mantenga firme en medio de la tentación. El cuidado o descuido de la conciencia determina en

gran medida nuestra actitud y respuesta hacia las demandas del mal. El corazón

descuidado fácilmente cae como presa de Satanás. Sus ataques principales son

hechos al corazón, porque si él lo conquista, conquista todo; pues, el corazón controla a todo el hombre. Por desgracia, un corazón sin vigilancia es uno fácil de conquistar; y hacerlo no es difícil para el diablo. El corazón cuidado y vigilado es el que ve y resiste la tentación antes de que venga con mayor fuerza. Es como una gran piedra rodando cuesta abajo desde una colina, es fácil detenerla al principio pero casi imposible después que ha ganado fuerza y velocidad en su caída.

Entonces, si dejamos entrar el primer pensamiento vano, muy pronto crecerá hasta convertirse en un poderoso deseo pecaminoso el cual no tomará descanso.

Las acciones están precedidas por los deseos, y los deseos por los pensamientos. Un objeto pecaminoso se presenta primero en la imaginación, y a menos que sea cortado, será estimulado y arraigado. Si el corazón no rechaza el mal pensamiento, sino que más bien lo deja quedarse y lo alimenta, entonces no pasará mucho tiempo antes de que se obtenga el consentimiento de la voluntad, es decir, sea puesto en acción. Uno de los aspectos más importantes de guardar el corazón está en observar sus primeros movimientos, y examinar el pecado que hay implícito. Los movimientos del pecado son débiles y sutiles al principio, pero con un poco de vigilancia y cuidado se pueden prevenir muchos problemas en el futuro. Pero si los primeros movimientos del pecado en la mente no son observados y resistidos, entonces el corazón descuidado será rápidamente llevado a estar bajo el completo poder de la tentación.

Tomado de «Cristianismo práctico» de A. W. Pink. 

*A.W. PinkFue un teólogo, evangelista, predicador, misionero, escritor y erudito bíblico inglés, conocido por su firme postura calvinista y su gusto por las enseñanzas de las doctrinas puritanas


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