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Por: Charles Spurgeon

¡Soy un pobre miserable! ¿Quién me librará de este cuerpo mortal? ¡Gracias a Dios por medio de Jesucristo nuestro Señor! ROMANOS 7:24-25

Cristiano acongojado, seca tus lágrimas. ¿Estás llorando a causa del pecado? ¿Por qué lloras? Llora por tu pecado, pero no llores por temor al castigo. ¿Te ha dicho el maligno que serás condenado? Dile en su cara que miente.

Ay, pobre creyente afligido, ¿estás llorando por tus corrupciones? Mira a tu perfecto Señor, y recuerda, estás completo en él. Para Dios eres tan perfecto como si nunca hubieras pecado; incluso más, más que eso, el Señor, nuestra justicia, te ha puesto una vestimenta divina para que tengas algo más que la justicia del hombre, tienes la justicia de Dios.

Oh, tú que sufres por causa del pecado innato y por la depravación, recuerda, ninguno de tus pecados puede condenarte. Has aprendido a odiar el pecado, pero has aprendido que el pecado no es tuyo, fue puesto sobre la cabeza de Cristo. Ven, anímate, tu posición no está en ti mismo, está en Cristo; tu aceptación no está en ti mismo sino en tu Señor.

Con todo tu pecado, hoy eres tan aceptado como en tu santificación; igualmente Dios te acepta hoy, con todas tus iniquidades, como lo serás cuando estés delante de su trono, libre de toda corrupción. Te suplico que te aferres a este precioso pensamiento, ¡perfección en Cristo! Porque eres perfecto en Jesucristo. Anímate, no temas morir, la muerte no tiene nada terrible para ti; Cristo le ha sacado toda la hiel al aguijón de la muerte.


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