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Por: A. W. Tozer

Este artículo forma parte de la serie «Encuentros con el Dios Todopoderoso»

Por encima de él había serafines […] Y se decían el uno al otro: «Santo, santo, santo es el SEÑOR Todopoderoso; toda la tierra está llena de su gloria». ISAÍAS 6:2-3

Ahora bien, debido a que estamos analizando la adoración, consideremos los gozos y deleites de las criaturas celestiales, los serafines, alrededor del trono de Dios […] Sabemos muy poco acerca de estos seres creados, pero estoy impresionado por su actitud de adoración exaltada. Están cerca del trono y arden con amor vehemente por la Deidad. Estaban absortos en sus cánticos antifonales: «¡Santo, santo, santo!» […] Entonces, las palabras clave y la nota clave de nuestra adoración deben seguir siendo: «¡Santo, santo, santo!».

Me doy cuenta de que muchos cristianos no se sienten muy cómodos con los atributos santos de Dios. En tales casos, me veo obligado a preguntarme sobre la calidad de la adoración que intentan ofrecerle. La palabra «santo» es más que un adjetivo que dice que Dios es un Dios santo; es una eufórica aclamación de gloria al Dios trino.

Señor, vengo ante ti este día y clamo con los serafines: «Santo, santo, santo es el Señor de los ejércitos». Permite que siempre me acerque a ti con esa actitud de adoración. Amén.


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