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Por: William Gouge (1575-1653): Pastor puritano inglés, teólogo y autor.

Objeción: ¿Quién puede soportar causarle dolor a su propio hijo?

Respuesta: El fruto futuro debe considerarse más que el dolor presente. Las pociones, las píldoras y las medicinas fuertes provocan náuseas, son amargas y dolorosas; sin embargo, al ser necesario su uso y al prevenir gran mal mediante su utilización, los padres sabios no se abstendrán de ellos por la amargura y el dolor perceptibles. El Apóstol responde pues, de manera adecuada a esa objeción: “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados” (He. 12:11). Esto puede aplicarse a las correcciones paternas, así como a las de Dios. Salomón observa el bien que le produce a los hijos esa corrección, en frases como estas: “La vara… [da] sabiduría” (Pr. 29:15) porque les hace ver lo que es bueno, malo, elogiable y reprochable. Y, de manera consecuente, les enseña a hacer el bien y dejar el mal, que es una gran característica de la sabiduría.

Respecto a los padres, corregir o castigar debidamente a sus hijos, los libera de muchos inconvenientes y les proporciona gran calma. 1. Les evita muchos dolores porque muchas amonestaciones repetidas con frecuencia e inculcadas una y otra vez, no servirán tanto para que muchos hijos presten atención al consejo íntegro y bueno como una pequeña corrección o castigo. Son mucho más sensibles al dolor que a las palabras. 2. Les evita mucho sufrimiento, vergüenza y disgustos porque “el hijo necio es pesadumbre de su padre, y amargura a la que lo dio a luz” (Pr. 17:25). Es la vara de la corrección la que los aparta de la necedad (Pr. 22:15) y evita así, ese dolor y amargura. 3. Los libera de la culpa del pecado de sus hijos para que no sean cómplices como lo fue Elí (1 S. 3:13). Y es que la corrección o castigo es el último remedio que un padre puede usar: Si con ella no consigue nada bueno, se presupone que ha realizado su máximo esfuerzo. A este respecto, aunque el hijo muera en su pecado, el padre habrá librado su propia alma.

Salomón indica, así, la tranquilidad que reciben los padres al corregir a sus hijos: “Corrige a tu hijo y te dará descanso, y dará alegría a tu alma” (Pr. 29:17) porque los hijos bien educados y mantenidos en sobrecogimiento filial mediante la corrección, se comportarán de manera que sus padres puedan descansar con cierta seguridad sin preocuparse [como lo hacen cuando los hijos son dejados en libertad]. Sí, como árboles bien podados y terreno bien labrado, producirán un fruto agradable y abundante; y sus padres tendrán justa razón de regocijarse en ellos.

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