No olvides compartir ...

ÚNETE A UNO DE NUESTROS GRUPOS DE WHATSAPPpara recibir materiales todos los días, 

Por: John Piper

Este artículo forma parte de la serie: La providencia de Dios.

La providencia sobre el poder de Satanás de causar enfermedades

La Biblia es explícita al afirmar que Satanás puede causar enfermedades. Hechos 10:38 dice que Jesús “anduvo haciendo bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con Él”. El diablo había oprimido a gente con enfermedades. En Lucas 13, Jesús encuentra a una mujer que llevaba dieciocho años encorvada, sin poder levantarse. La cura en un día de reposo y, en respuesta a las críticas del oficial de la sinagoga, dice: “esta, que es hija de Abraham, a la que Satanás ha tenido atada durante dieciocho largos años, ¿no debía ser libertada de esta ligadura en el día de reposo?” (Lc 13:16). No hay duda de que Satanás causa muchas enfermedades.

Por eso las sanidades de Cristo son una señal de la irrupción del reino de Dios y de su victoria final sobre todas las enfermedades y todas las obras de Satanás. Es correcto y bueno orar por sanidad. Dios la ha comprado en la muerte de Su Hijo, con todas las demás bendiciones de la gracia, para todos Sus hijos (Is 53:5; Ro 8:32). Pero Él no ha prometido que recibamos toda la herencia en esta vida. Y Él decide cuánto y cuándo.

LA PARADOJA DE LA ORACIÓN CONTESTADA Y NO CONTESTADA

Jesús nos dice que oremos. Y debemos confiar en que realmente nos escucha y que Su respuesta es buena para nosotros, aunque no sea exactamente lo que pedimos o cuando lo pedimos. Si le pides pan a tu Padre, no te dará una piedra. Si le pides un pez, no te dará una serpiente (Mt 7:9-10). Pero es posible que la respuesta no sea pan. Y es posible que no sea un pez. Sin embargo, será bueno para ti. Eso es lo que Él promete (Ro 8:28). Esto puede sonar paradójico. ¿No es pan, cuando has pedido pan? ¿Ni pescado, cuando pediste pescado? ¿Pero es bueno? Escribí un poema sobre esta paradoja que para algunos de ustedes puede arrojar luz sobre esta perplejidad:

La piedra y la serpiente

Mi Padre me hizo venir y me dijo:

“Pídeme lo que necesites Mi hijo.

Y extiende ante Mí todo tu corazón. Búscame

por cada deseo verdadero, y mírame

Si alguna vez dejaré de amarte

con los tesoros de Mi corazón palpitante,

Mi ilimitado almacén. Y mantente

llamando a la puerta. Aunque no soy durmiente,

tengo Mis razones para demorar,

Y me deleito en oírte orar.

Si necesitas tu barco anclar,

Pero pides pan, para tu hambre saciar,

Yo marcaré tu necesidad, y para que no flotes hacia el mar,

Te daré una pesada piedra en su lugar.

O si necesitas un colmillo de víbora drenar,

Para un antídoto curativo preparar,

Pero pides un pez inútil para la punzada aliviar,

Yo discerniré, y la serpiente te voy a dar.

Oh, precioso hijo, no te desesperes

Pues Yo satisfago tus necesidades con amor por leyes

Más allá de tu alcance: Es en vano

que ores, como si la ganancia

de la serpiente y la piedra no respondiera

a tu deseo. Amado Hijo, tu grito

Abre tesoros y hace temblar

los cielos. Te pido que vengas y tomes

Estas llaves, y toda mi tienda abres,

Mi corazón: pedir, buscar y llamar”.

EN SU ENFERMEDAD, JOB NO RECONOCIÓ LA SOBERANÍA DE SATANÁS

Que nadie diga que Satanás es soberano sobre nuestras enfermedades. No lo es. Cuando Satanás acudió a Dios por segunda vez en el libro de Job, Dios le dio permiso esta vez para golpear el cuerpo de Job. Entonces el autor del libro dice: “Satanás salió de la presencia del SEÑOR, e hirió a Job con llagas malignas desde la planta del pie hasta la coronilla” (Job 2:7). Cuando la esposa de Job se desesperó y dijo: “Maldice a Dios y muérete” (Job 2:9), Job respondió exactamente como lo hizo antes. Miró más allá de la causa limitada de Satanás hacia la causa final de Dios y dijo: “¿Aceptaremos el bien de Dios pero no aceptaremos el mal?” (Job 2:10).

Y para que no atribuyamos a Job error o irreverencia, cuando él rastrea sus “llagas malignas” a la voluntad de Dios, el escritor inspirado hace dos cosas. Primero, el escritor dice: “En todo esto Job no pecó con sus labios” (Job 2:10). En otras palabras, no fue pecado tratar a Dios como la causa final de las llagas malignas con las que Satanás le golpeó. Y, segundo, el escritor de Job cierra su libro en el último capítulo refiriéndose a los terribles sufrimientos de Job de esta manera “Entonces todos sus hermanos y todas sus hermanas… lo consolaron por todo el mal que el SEÑOR había traído sobre él” (Job 42:11).

Satanás es real y está lleno de odio, pero no es soberano sobre la enfermedad. Dios no le concederá ni siquiera ese tributo. Como le dice a Moisés en la zarza ardiente: “¿Quién ha hecho la boca del hombre? ¿O quién hace al hombre mudo o sordo, con vista o ciego? ¿No soy Yo, el SEÑOR?” (Ex 4:11; véase también 2Co 12:7-9).

Llevo unos cincuenta años predicando y enseñando estas cosas. Mis archivos están ahora repletos de cartas de personas que agradecen a Dios el descubrimiento bíblico de la soberanía intencional, sabia, misericordiosa y dolorosa de

Dios en medio del sufrimiento de la enfermedad. Les daré un ejemplo. Procede de un padre de veintisiete años cuya recién descubierta confianza en la omnipresente providencia de Dios fue puesta a prueba. Escribiendo dos años después del evento que menciona a continuación, dijo:

Mi esposa y yo preparamos el vehículo para ir a nuestro primer ultrasonido. Recibiríamos la noticia (niño o niña), luego tomaríamos unos licuados y lo celebraríamos… Pero mientras estábamos en nuestra consulta, vimos cómo la alegre charla de la técnica se calmaba y se convertía en una mirada concentrada y silenciosa a la pantalla. ¿Por qué miraba con tanta atención las imágenes?… Se levantó y salió de la sala, poniendo una excusa para imprimir algo… Por fin entró el médico. Dijo que lamentaba informarnos que el ultrasonido era bastante concluyente… Nuestra hija tenía espina bífida. También existía la posibilidad de trastornos genéticos conocidos como trisomía 21 (síndrome de Down) y 18 (síndrome de muerte infantil)…

Esto ya no es teoría; fue un momento de la vida real en el que necesitábamos algunas respuestas.

¿Acaso Dios “permitió” esto? Peor aún, ¿lo diseñó? Ciertamente, Él no podía ser el arquitecto de tanto dolor.

Y luego leí sobre la muerte de tu madre. Escribiste: “No me consoló la perspectiva de que Dios no pudiera controlar el movimiento de un vehículo. Para mí no había consuelo en el azar”, y la verdad me impactó… tampoco yo [encontré consuelo en la incapacidad de Dios de controlar el movimiento de un vehículo]. No importaba lo que hubiera creído en el pasado… el único lugar donde se encontraba la esperanza, en ese momento, era en las manos de un Dios soberano que tiene el control y ordena la caída de un gorrión, la elección de reyes, los movimientos de vehículos y el desarrollo de la columna vertebral de nuestra preciosa hija. Fue aquí donde encontramos esperanza. Y la esperanza, al ser el semillero del gozo, comenzó a producir en nuestros corazones, un gozo que realmente no podía ser sacudido por ningún dolor.

Foto de Road Trip with Raj en Unsplash

Sigue leyendo …


Puedes seguirnos en WhatsApp,Messenger,Facebook, Telegram o Youtube. También puede suscribirse a nuestro boletín por correo electrónico.


No olvides compartir ...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

× Recibe nuestros artículos