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Este artículo forma parte de la serie: «Oraciones Puritanas«

¡Oh Dios!

Que Tu Espíritu hable en mí para que yo hable contigo. Oh Señor Jesús, Gran Sumo Sacerdote, Tú abriste un camino nuevo y viviente por el cual una criatura caída puede acercarse a Ti y ser aceptado.

Ayúdame a contemplar la dignidad de Tu persona, la perfección de Tu sacrificio, la eficacia de Tu intercesión.

¡Oh, qué bendición acompaña la devoción, cuando todas las pruebas que me fatigan, los cuidados que me corroen, los miedos que me perturban, las debilidades que me oprimen, pueda entonces yo venir a Ti en mi necesidad y sentir la paz que sobrepasa todo entendimiento!

La gracia que restaura es necesaria para preservar, orientar, guardar, y proporcionar ayuda. Y aquí Tus santos alientan mi esperanza; ellos eran pobres y ahora son ricos, atados y ahora están libres, probados y ahora están victoriosos.

Cada nuevo llamado al deber exige más gracia de la que yo ahora poseo, pero no más de la que se encuentra en Ti, tesoro Divino en quien habita toda la plenitud. Para Ti yo Miro, por Gracia sobre Gracia, hasta que cada vacío hecho por el pecado sea repuesto y yo sea lleno de toda Tu plenitud.

Que mis deseos sean ampliados y mis esperanzas alentadas, para que yo pueda honrarte por toda mi dependencia y la grandeza de mi expectativa.

Quédate conmigo y prepáreme para todas las sonrisas de la prosperidad, para las carencias de la adversidad, para la pérdida de bienes, para la muerte de los amigos, para los días de oscuridad, para los cambios de la vida, y para el último y más importante cambio de todos. Que yo pueda encontrar Tu gracia suficiente para todas mis necesidades.

Tomado de “El Valle de La Visión



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