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Por: Max Lucado

Se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras. Tito 2.14

¿Aflojamos alguna vez las normas una noche, sabiendo que lo confesaremos mañana?

Es fácil ser como la persona que visitaba Las Vegas y llamó al predicador para preguntarle a qué hora era el culto dominical. El predicador quedó impresionado. «La mayoría de los que vienen a Las Vegas», le dijo, «no lo hacen para ir a la iglesia».

«No, no. No he venido para ir la iglesia. He venido a jugar y a parrandear con mujeres de mundo. Pero si logro divertirme la mitad de lo que intento, voy a tener que ir a la iglesia el domingo por la mañana».

¿Es esa la intención de la gracia? ¿Es el objetivo de Dios promover la desobediencia? Es difícil. «La gracia no nos enseña a vivir contra Dios, ni a hacer las cosas malas que el mundo desea que hagamos. Al contrario, la gracia nos enseña a vivir en forma sabia y correcta, y en una manera que refleje que servimos a Dios» (lee Tito 2.11–12.). La gracia de Dios nos ha librado del egoísmo. ¿Por qué volver atrás?

En Manos de la Gracia



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