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Por: Thomas Brooks

Este artículo forma parte de la serie: Enmudecido bajo la disciplina de Dios.

Los tiempos de aflicción, por mandato propio de Dios, son tiempos especiales de súplica. El corazón de David estaba más frecuentemente desafinado que su arpa, pero luego oraba y clamaba: «Vuelve, oh alma mía, a tu reposo» (Sal. 116:7). Jonás oró en el vientre de la ballena, Daniel oró cuando estuvo entre los leones, Job oró cuando se sentó en medio de cenizas y Jeremías oró cuando estuvo en la mazmorra. Aquellos marineros paganos, tan fuertes como eran, cuando se encontraron en una tormenta, cada uno clamó a su dios (cf. Jon. 1:5-6).

Jonás 1:5-6 <<Los marineros tuvieron miedo y cada uno clamaba a su dios; y arrojaron al mar la carga que estaba en el barco para aligerarlo. Pero Jonás había bajado a la bodega del barco, se había acostado y dormía profundamente. El capitán se le acercó y le dijo: ¿Cómo es que estás durmiendo? ¡Levántate, invoca a tu Dios! Quizás tu Dios piense en nosotros y no pereceremos>>

Invocar a Dios, especialmente en tiempos de angustias y problemas, es una lección que la misma luz y ley de la naturaleza enseña. El mensajero persa Esquilo, aunque fue un pagano, observó y dijo lo siguiente:

Cuando las fuerzas griegas nos perseguían acaloradamente y nos vimos obligados a aventurarnos sobre las grandes aguas del río Estrimón, entonces congelado, pero empezando a descongelarse; y cuando muchos de nosotros murieron al tratar de atravesarlo, entonces con mis propios ojos vi muchos de aquellos valientes de quienes había oido antes afirmar tan atrevidamente que no existía Dios, cada uno sobre sus rodillas y suplicando fervientemente que el hielo pudiera mantenerse hasta que lograran cruzar.

¿Y la naturaleza pagana ciega hará más que la gracia? Si el tiempo de aflicción no es un tiempo de súplica, entonces no sé qué es. Así como hay dos tipos de antídotos contra el veneno, es decir, el calor y el frío, así mismo hay dos tipos de antídotos contra todos los problemas y las aflicciones de esta vida, es decir, la oración y la paciencia: uno calienta, el otro enfría; uno calma, el otro aviva. Juan Crisóstomo (347-407) entendió esto bastante bien cuando clamó: «¡Oh, decaer en la oración es más amargo que la muerte!»; y posteriormente observa que Daniel prefirió correr el peligro de su vida que perder su oración.

Tomado del libro de Thomas Brooks “El cristiano enmudecido bajo la disciplina de Dios” pág 37 -39

*Thomas Brooks (1608-1680): Predicador congregacional; autor de Preciosos remedios contra las artimañas de Satanás (Precious Remedies against Satan’s Devices). Lee más datos biográficos EN ESTE ENLACE.


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Un comentario en «Los tiempos de aflicción son tiempos especiales de súplica – Thomas Brooks»
  1. Jesús dijo: En el mundo tendréis aflicción, pero confíad, Yo he vencido. Cada aflicción que vivimos los creyente, es una forma de aprender: creer, confiar, esperar y tener fe. No podemos dudar Dios siempre estará a nuestro lado para ayudarnos. El no abandona a sus hijos.

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