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Por: John MacArthur

Este artículo forma parte de la serie: «Devocional Acércate a Dios«

«Fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa… hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria» (Efesios 1:14).

Algún día Dios tomará posesión completa de todo lo que es legítimamente suyo.

Ya vimos que Dios nos sella con el Espíritu Santo con la promesa de nuestra herencia eterna. Aquí Pablo dice que lo hace con miras a «la redención de la posesión adquirida [propiedad de Él]». Eso se refiere al día cuando Dios tomará posesión completa de todo lo que es legítimamente suyo.

Satanás, hasta cierto punto, usurpó el reinado de Dios para convertirse en el «dios de este siglo [mundo]» (2 Corintios 4:4), el que actualmente está bajo su poder (1 Juan 5:19). En consecuencia, toda la creación es esclava de la decadencia y «gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora» (Romanos 8:22). La creación espera ansiosamente el momento en que se revierta la maldición de Génesis 3, cuando todos los cristianos serán plenamente glorificados y el pecado será vencido eternamente. ¡Qué tiempo tan glorioso será ese!

Eres propiedad especial de Dios puesto que eres de Él por redención, así como por creación. En Apocalipsis 5:9, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos le cantan al Señor: «Digno eres… porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación». En Hechos 20:28, Pablo amonestó a los ancianos de Éfeso para que custodiaran cuidadosamente «la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre».

Eso te convierte en un ser invalorable para Dios, parte de un «linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios» (1 Pedro 2:9-10).

De modo que, como posesión especial de Dios, debes reflejar que eres propiedad de Él y que su soberanía gobernará todo lo que hagas. Recuerda que no eres dueño de ti mismo «porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo» (1 Corintios 6:20).

Sugerencias para la oración: Agradece a Dios que eres su posesión preciada. Busca la dirección del Espíritu de Dios y proclama sus grandezas a través de sus palabras y sus hechos. Pídele que te enseñe a apreciar a otros creyentes tanto como Él lo hace contigo.

Para un estudio más profundo: Lee Efesios 2:1-13; señala los privilegios espirituales y las responsabilidades que son tuyas en Cristo.


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