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Por: Paul D. Tripp.

Este artículo forma parte de la serie: «Nuevas Misericordias cada mañana» de Paul D. Tripp

Hoy enfrentarás cosas más grandes que tú, pero no debes temer; ninguna es mayor que Aquel que encamina todo para tu bien.

Quizá no lo sepas, quizá no te des cuenta que lo estás haciendo, pero siempre estás midiendo tu potencial. El niño que apenas está aprendiendo a caminar se mantiene en pie con piernas temblantes, sosteniendo la rodilla de su mamá mientras mide su potencial para caminar sin caerse y llegar hasta donde está su papá. El adolescente acude a su primer día de trabajo con manos sudorosas y con su corazón latiendo a gran velocidad mientras mide su potencial para completar las actividades del día sin ser despedido. La novia presenta nauseas dos horas antes de su boda mientras mide su potencial para vivir exitosamente en la relación interpersonal más importante que jamás tendrá. El anciano se siente nervioso en el consultorio del doctor mientras mide su potencial para lidiar con las dificultades físicas de la vejez. El viudo se para a la orilla de la tumba de su esposa con lágrimas en sus ojos mientras mide su potencial de vivir sin ella. Todos medimos constantemente nuestro potencial para afrontar las cosas que se nos presentan.

La forma típica de medir tu potencial es comparar el tamaño del problema contra tus habilidades naturales y tu experiencia. No, no es irracional medir tu potencial de esta manera, pero para los creyentes en Jesucristo no es suficiente. Dios, en Su gracia, no te deja solo. No te deja solo con las herramientas de tu propia fuerza, tu justicia y tu sabiduría. No, Él te invade con Su presencia, poder, sabiduría y gracia. Pablo capta esta realidad con las siguientes palabras: “He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí” (Gálatas 2:20). Obviamente, no está diciendo que él está muerto, porque, si lo estuviera, no

estaría escribiendo esas palabras. No, él nos recuerda una realidad espiritual muy importante: si eres un hijo de Dios, la fuerza que le da energía a tus pensamientos, deseos, palabras y acciones no es la tuya; ¡es la de Cristo! Dios no solo te ha perdonado, sino que además ha venido a vivir en tu interior para que tengas el poder de desear y hacer lo que Él te ha llamado a realizar. No solo vive dentro de ti, sino que además gobierna todas esas situaciones y relaciones que escapan a tu control. No solo es tu Salvador, sino tu Rey. Él hace dentro de ti lo que tú no pudiste hacer por ti mismo y hace fuera de ti lo que tú no tienes el poder ni la autoridad para hacer. Dios hace todo esto teniendo en mente tu beneficio. Ante esta verdad, ¿qué puede atemorizarte?

Para profundizar y ser alentado: Salmo 95


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