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Este artículo forma parte de la serie: «Oraciones Puritanas«

¡Señor Jesús!

Dame un arrepentimiento más profundo, un horror del pecado, el pavor de aproximarme a él. Ayúdame en mi debilidad a huir de él y celosamente resolver que mi corazón será solamente tuyo.

Dame una confianza más profunda, para que yo pueda perderme, para encontrar en Ti el lugar de mi reposo, la primavera de mí ser. Dame un conocimiento más profundo de Ti mismo como Salvador, Maestro, Señor y Rey. Dame una mayor fuerza en la oración secreta, más dulzura en Tu Palabra, una seguridad más firme de Tu verdad. Dame una santidad más profunda en el hablar, en el pensar, en el actuar, y no me dejes buscar la virtud moral aparte de Ti.

Se profundo en mí, Gran Señor, Labrador Celestial, para que mi ser sea un campo arado, para que las raíces de gracia se extiendan en todas partes, hasta que solamente Tú seas visto en mí, Tu belleza dorada como cosecha de verano, Tu fecundidad como la abundancia de otoño.

Yo no tengo ningún maestro sino Tu solamente, ninguna ley, sino Tu voluntad, ningún placer, sino Tú mismo, ninguna riqueza, sino la que Tú me das, ningún bien, sino Tu bendición, ninguna paz, sino lo que el Señor me concede. Yo no soy nada, sino lo que Tú me haces que sea. Yo no tengo nada, sino lo que recibo de Ti. Yo no puedo ser nada, más esta Gracia me adorna. Vacíame profundamente, amado Señor, y luego lléname a punto de rebosar con agua viva.

Tomado de “El Valle de La Visión



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