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Por: Charles Spurgeon

No hay esperanza de una prevalencia real con el Dios que abate al soberbio, a menos que nos humillemos para que Él nos exalte a su debido tiempo. Además, fue una oración filial. Mateo lo describe diciendo: «Padre mío», y Marcos dice: «Abba, Padre». Encontrarán que argumentar la adopción es siempre una fortaleza en el día de la tribulación. De ahí que la oración en la que escrito está: «No nos metas en tentación, mas líbranos del mal», comience con: «Padre nuestro que estás en los cielos».

Supliquen como un niño. Ustedes no tienen ningún derecho como súbditos; perdieron todo derecho por su traición, pero nada puede justificar que un niño pierda el derecho a la protección de un padre. Entonces no se avergüencen de decir: «Padre mío, escucha mi clamor». Además, observen que fue una oración perseverante. Él oró tres veces usando las mismas palabras. No se contenten hasta que prevalezcan. Sean como la viuda importuna, cuyas continuas visitas lograron lo que su primera petición no pudo conseguir.

Perseveren en la oración, velando en ella con acción de gracias. Adicionalmente, vemos cómo ardía hasta ponerse al rojo vivo: fue una oración intensa. «Oraba más intensamente». ¡Qué gemidos emitió Cristo! ¡Qué lágrimas brotaron de esas profundas fuentes de Su naturaleza! Eleven una intensa suplicación si quieren prevalecer contra el adversario. Y, por último, fue una oración de resignación. «Pero no sea como yo quiero, sino como tú». Cedan ustedes, y Dios cederá. Que sea como Dios quiera, y Dios querrá lo que sea para lo mejor. Estén ustedes perfectamente contentos de dejar el resultado de su oración en las manos de Aquel que sabe cuándo dar y cómo dar y qué dar y qué retener. Así que prevalecerán si suplican intensa e importunamente, mezclando en todo humildad y resignación.

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