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Por: J.C. Ryle

La verdadera religión jamás tiene por qué hacer que los hombres se vuelvan melancólicos. Al contrario, su propósito es incrementar el gozo genuino y la felicidad entre las personas. El siervo de Cristo debe sin duda apartarse de las carreras, los bailes, el teatro y diversiones parecidas que tienden a la frivolidad y a la disipación, si no al pecado.

Pero no tiene por qué entregar el ocio inocente y las reuniones familiares al diablo y al mundo. El cristiano que se aísla por completo de la sociedad de sus semejantes y camina sobre la Tierra con rostro melancólico como si siempre estuviera asistiendo a un funeral perjudica a la causa del Evangelio.

Un espíritu alegre y afable es muy recomendable para el creyente. Es una verdadera desgracia para el cristianismo que un cristiano sea incapaz de sonreír. Un corazón alegre y una disposición a participar en toda diversión inocente son dones de inestimable valor. Contribuyen en mucho a disminuir los prejuicios, a quitar piedras de tropiezo del camino y a abrir paso a Cristo y el Evangelio.

*John Charles Ryle fue un obispo evangélico anglicano inglés. Fue el primer obispo anglicano de Liverpool y uno de los líderes evangélicos más importantes de su tiempo. Foto de Edgar Martínez.


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