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Por: A. W. Pink

Este artículo forma parte de la serie: Guarda tu corazón

La negligencia del corazón es la causa del estado que hay en la cristiandad moderna; el resto de este capítulo podría fácilmente dedicarse a la verificación y amplificación de lo que acabamos de decir; pero en lugar de ello, nos limitaremos a señalar brevemente una o dos de las características más resaltantes. ¿Por qué es que tantos predicadores le han retenido y negado a sus congregaciones lo que más necesitan? ¿Por qué ellos han hablado «cosas halagüeñas» en vez de empuñar la espada del Espíritu? Porque sus propios corazones no están puestos en Dios, el santo temor del Señor no está en ellos. Un «corazón bueno y recto» (Lucas 8:15) llevará a un siervo de Cristo a predicar lo que él ve que son las verdades más importantes y esenciales de la Palabra, aunque esto desagrade a mucha de su gente. Él reprenderá, exhortará, amonestará, corregirá e instruirá fielmente, así no sea de agrado para sus oyentes. ¿Por qué son muchos los miembros de iglesias que se han apartado de la fe y han puesto su atención en espíritus seductores?

¿Por qué multitudes han sido desviadas por el error de los impíos, apartándose de la gracia de Dios a la lascivia? ¿Por qué muchos otros han sido atraídos por maestros de los negocios y la teología, los cuales a pesar de sus alardes de ser los únicos que se reúnen en el nombre de Cristo, son personas que sólo tienen un conocimiento intelectual de la Escritura y son completos extraños a la piedad práctica? La respuesta no es difícil de encontrar: es porque ellos no tienen un conocimiento de corazón en las cosas de Dios. Así como los que están enfermos fácilmente caen como víctimas de los curanderos; así mismo sucede con los que nunca pusieron su corazón en la verdad y son zarandeados por cualquier viento y doctrina. El estudio y el guardar el corazón es el mejor antídoto contra las infecciones de los errores. Esto nos lleva a señalar algunos de los beneficios de guardar el corazón. Estamos en deuda con el puritano John Flavel por mucho de lo que sigue a continuación.

La meditación del corazón nos ayuda a entender las cosas profundas de Dios. Un corazón experimentado y honesto es una gran ayuda para una cabeza débil. Tal corazón actuará como un comentario sobre gran parte de las Escrituras. Cuando un corazón como ese lea Salmos o las epístolas de Pablo, él encontrará que muchas de sus propias luchas están escritas allí y que también hay solución para cada una; encontrará que ellos hablan el mismo lenguaje de su corazón, contando sus experiencias, expresando sus alegrías y tristezas. Por medio de un estudio constante del corazón, estará mucho mejor equipado para entender las cosas de Dios que los no experimentados maestros y doctores sin gracia —no solo serán más claras, sino más dulces para él. Un hombre puede disertar acerca de la ortodoxia y la profundidad de la naturaleza y los efectos de la fe, de la hermosura de Cristo, y de la dulzura de la comunión con Dios, sin realmente haber sentido las impresiones de la eficacia de estas cosas en su propio espíritu. ¡Oh pero qué tediosas y secas son esa clase de nociones intelectuales, para aquellos que verdaderamente las experimentan!

Querido lector, la experiencia es un gran maestro. Mucho de lo que leemos en Job y en Lamentaciones parecerá aburrido y de poco interés hasta que hayas tenido profundas pruebas en tu alma. Es probable que el capítulo 7 de Romanos no te atraiga mucho hasta que seas consciente del pecado que habita en ti. Muchos de los últimos Salmos te parecerán completamente extravagantes en su lenguaje, hasta que disfrutes la dulce compañía de Dios. Pero mientras más te esfuerces por guardar tu corazón, por llevarlo a la sujeción en el Señor y por guardarlo de las solicitudes de Satanás, más parecido a tu caso encontrarás muchos capítulos de la Biblia. No es que simplemente tienes que estar en el estado de ánimo correcto para poder apreciar esto, sino que tienes que pasar primero por ciertas pruebas del corazón. Solo entonces habrás sentido y probado tú mismo las cosas que los escritores escribieron; solo así tendrás la llave para abrir muchos versos que están cerrados para muchos de los maestros intelectuales del hebreo y el griego.

Tomado de «Cristianismo práctico» de A. W. Pink. Foto de Esperanza Doronila en Unsplash

*A.W. PinkFue un teólogo, evangelista, predicador, misionero, escritor y erudito bíblico inglés, conocido por su firme postura calvinista y su gusto por las enseñanzas de las doctrinas puritanas


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2 comentarios en «¿Con cuánto afán estás guardando tu corazón? (Parte 10) – A. W. Pink»

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