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Por: Charles Stanley

Dios ve y se preocupa por nuestro dolor, así que sigamos clamando y esperando su fiel socorro.

Leer 1 Samuel 1.10-20

Cuando estamos sufriendo, puede ser fácil aislarnos de quienes más nos quieren, incluso del Señor. Sin embargo, Ana, aun en su dolor y su desilusión por no tener un hijo, siguió acudiendo a Dios. Primero de Samuel 1.19 nos dice que el día después de que Ana llorara amargamente delante de Él, “Jehová se acordó de ella”. Ana tenía fe en su bondad y creía que Él respondería a su petición. Invitó a Dios a encontrarse con ella en medio de su dolor, y Él lo hizo. Más tarde, cuando dio a luz a su hijo, Ana le puso un nombre que surgió tanto del dolor como de la redención de su experiencia: Samuel, que significa “Dios oye”.

Ver la respuesta directa de Dios a su oración le brindó a Ana la fe necesaria para devolver a Dios lo que ella más deseaba: su único hijo. El ejemplo de Ana nos muestra que acudir a Dios con fe requiere manos abiertas, tanto para recibir como para entregar. Ya sea que recibamos o no el objeto de nuestro deseo, la promesa de la presencia de Dios es el mayor regalo que Él nos da, y nunca nos será quitado. Dios ve y se preocupa por cada lágrima que cae. A lo largo de la historia de súplica y de entrega de Ana, descubrimos que incluso las lágrimas sembradas con amargura pueden convertirse en semillas de redención.

*Charles Frazier Stanley ​ fue un teólogo, predicador, misionero, erudito bíblico, escritor y pastor bautista estadounidense conocido por ser el fundador y presidente de «Ministerios en Contacto». Era pastor en la Primera Iglesia Bautista.


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