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Por: Miguel Núñez

Este artículo forma parte de la serie «95 tesis para la iglesia de hoy» del Pastor Miguel Núñez

Basada en Isaías 43:7

Una de las grandes debilidades de la iglesia de nuestros tiempos es su antropocentrismo. En otras palabras, la iglesia ha llegado a creer que el centro del plan de redención divino es el hombre y no Dios. Pero claramente la Palabra revela, de principio a fin, que el centro de toda la creación, el centro del plan de redención, es Dios.

La Biblia es teocéntrica (está centrada en Dios) de principio a fin. En el principio, Dios creó los cielos y la tierra, y al final de todo terminaremos alabando a nuestro Dios: todos los redimidos alrededor del trono reconoceremos que solamente a Dios le pertenece el honor, la gloria, el mérito, la alabanza, el poder, por los siglos de los siglos. Dios incluso habla en Isaías 43:7 de: “todo aquel que es llamado por Mi nombre, que fue creado para Mi gloria, todo aquel que Yo he formado y he hecho”. Dios está claramente diciéndonos que aun el propósito de nuestra creación, el propósito de nuestra existencia, es Su gloria.

Hasta que la iglesia no recobre, otra vez, el teocentrismo de la revelación del mismo Dios, jamás podrá lograr los resultados que otros tiempos vieron y que otros movimientos han logrado en el pasado. Cada vez que revisamos uno de los avivamientos genuinos del pasado. Cada vez que revisamos uno de los avivamientos genuinos del pasado, que produjo transformación en las comunidades, vemos un avivamiento producido por una predicación donde Dios, Cristo, tendrá el centro. Vemos una predicación cristocéntrica donde el Hijo de Dios es honrado y exaltado, donde la cruz es vista de nuevo como el centro de la redención del hombre, y donde el hombre es como un beneficiario de lo que Dios está haciendo. No podemos olvidar que todo aquello que glorifica a Dios bendice al hombre, pero es en ese orden en que se da. Cuando el hombre es el beneficiario primario, Dios no es glorificado.

Pero cuando Dios no es glorificado en primer lugar, cuando tu búsqueda primaria en todo lo que haces, no solamente en tu prédica, sino a la hora de criar hijos, de ejercer una profesión, de casarte; cuando tu búsqueda número uno es la gloria de Dios, la persona más gozosa, más satisfecha y más bendecida eres precisamente tú, que has buscado la gloria de Dios. ¡Tu satisfacción está en Su gloria! ¡Persíguela!


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