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Por: Jonathan Edwards

Este artículo forma parte de la serie: «365 días con Jonathan Edwards«

<<Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús» (Romanos 3:23-24).

Cuando Dios revela su gracia redentora a los seres humanos y hace que sean verdaderamente conscientes de ella, desea que sean conscientes de ella tal como es. La gracia y el amor de Dios para con los pecadores son maravillosos de por sí, puesto que redimen de una temible ira. Sin embargo, los seres humanos no pueden ser conscientes de ellos hasta haber percibido de alguna manera lo terrible que es la ira de Dios. La gracia redentora y el amor de Dios en Cristo son libres y soberanos, completamente ajenos a cualquier dignidad que pueda residir en quienes son objeto de ellos.

Sin embargo, los seres humanos no pueden ser conscientes de ello hasta ser conscientes de su propia indignidad. La gracia de Dios en Cristo es gloriosa y prodigiosa, puesto que quienes son objeto de ella no solo carecen de valía alguna, sino que merecen la ira y el rechazo eternos de Dios. Sin embargo, no pueden ser conscientes de tal cosa hasta que se les haga ver que son merecedores de la ira eterna de Dios.

La gracia de Dios en Cristo es prodigiosa, dado que salva y redime de muchos y graves pecados, así como del castigo que merecen. Sin embargo, los pecadores no pueden ser conscientes de esto hasta que son conscientes de alguna forma de su propio pecado y se les haya hecho reflexionar acerca del pecado de sus vidas y ver la maldad de sus corazones. La gloria de la gracia de Dios en Cristo es que es libre y soberana. Cuando los seres humanos ven la gloria de Dios de manera apropiada, la ven como libre e inmerecida, y contraria al demérito de sus propios pecados. Todo el que tiene una comprensión espiritual de la gracia de Dios en Cristo tiene una percepción de la gloria de esa gracia.

(De Dios hace a los hombres sensibles de su miseria antes de revelarles su misericordia y su amor (ve», p. 835). Citado en «365 días con Jonathan Edwards«, lecturas seleccionadas y editadas por Dustin W. Benge, puedes adquirirlo en este enlace.

*Jonathan Edwards (1703 – 1758). Predicador norteamericano congregacionalista, usado por el Señor en el Gran Despertar ; nacido en East Windsor, Condado de Connecticut, puedes leer más de su biografía en este enlace.


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