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Por: John MacArthur

Este artículo forma parte de la serie: Los dones espirituales

El hacer milagros fue también un don-señal temporal. Un milagro en una acción sobrenatural en el mundo natural y en sus leyes naturales, explicable solamente por la intervención divina. Dios a menudo nos dirige, nos ayuda o nos advierte obrando por medio de otros cristianos, por medio de circunstancias ordinarias o por medio de las leyes naturales. Esas son actuaciones sobrenaturales de Dios que son opuestas al funcionamiento ordinario y leyes de la naturaleza, actos que solo Él puede llevar a cabo por medio de la anulación de lo natural y que no podría ocurrir de otra manera por medio de ninguna circunstancia.

Juan nos habla de que el cambio que hizo Jesús del agua en vino en la fiesta de bodas fue el “principio de señales que hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él” Un. 2:11). Ese era el propósito. El milagro no fue para mejorar la fiesta o para exhibir gran poder ante los curiosos.

Aun con Jesús, los milagros, así como las sanidades, eran para la confirmación de su venida al mundo como Mesías, el portador del mensaje y del poder de Dios. Cerca del final de su evangelio, Juan dice: “Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (20:30- 31). Jesús realizó los milagros para demostrar que Dios se estaba revelando en Él, es decir, en Jesús. En Pentecostés Pedro le dijo a la multitud a la que estaba predicando: “Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis” (Hch. 2:22).

Jesús realizó milagros y sanó a los enfermos solo durante los tres años de su ministerio. Al contrario de ciertos mitos y leyendas que han aflorado a lo largo de los siglos, las Escrituras indican que Jesús vivió de una forma tranquila y normal como un niño y como un jovencito, no haciendo uso para nada de poderes sobrenaturales hasta las bodas de Caná. Como es evidente por la cita de Juan 2 mencionada arriba, los milagros de Jesús comenzaron cuando comenzó su ministerio.

Los apóstoles y unos pocos de los líderes de la naciente iglesia también realizaron milagros como señales confirmadoras del mensaje del evangelio. En Iconio Pablo y Bernabé “se detuvieron allí mucho tiempo, hablando con denuedo, confiados en el Señor, el cual daba testimonio a la palabra de su gracia, concediendo que se hiciesen por las manos de ellos señales y prodigios” (Hch. 11:3). Pablo escribió más tarde a los Corintios: “Las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros” (2 Corintios 12.12) Las señales milagrosas eran una marca de apostolado, autenticando el mensaje y la obra apostólicos como que era del Señor. En Hebreos leemos: “La cual [salvación], habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad” (2:3- 4).

¿Cuáles fueron exactamente los milagros que hicieron los apóstoles? Jesús cambió el agua en Vino, hizo pan, caminó sobre el agua con Pedro, tomó una moneda de la boca de un pez, desapareció de una multitud hostil y ascendió al cielo en una nube. Todos esos milagros estaban relacionados con la naturaleza y fueron hechos solo por Él. No hemos sabido de ningún discípulo que hiciera un milagro relacionado con la naturaleza. ¿Qué milagros hicieron ellos? La respuesta está en la palabra para milagro, dunamis, que significa “poder”. En efecto, el término aparece traducido como “poder” en los evangelios, y está a menudo relacionado con echar fuera los demonios (Le. 4:36; 6:18; 9:42). Es precisamente ese poder, echar fuera los demonios, que el Señor les dio a los doce y a los setenta discípulos (Le. 9:1; I0:17-19). Hoy no disponemos de un poder así que nos permita a algunos de nosotros ir y con éxito mandar a los demonios que salgan de los inconversos, como los discípulos hicieron. Felipe y, Esteban demostraron el don de hacer milagros (Hch. 6:8; 8:7). Pablo lo usó para confirmar “la doctrina del Señor” y llevar a un hombre a la fe (Hch. 13:6- 12). Algunos judíos que trataron de echar demonios sin poseer el verdadero don fueron golpeados y perseguidos por los demonios cuando trataban de exorcizarlos (Hch. 19:14-16).

Esas señales acompañaron a la Palabra de Dios mientras que Él estaba revelando la Palabra. Cuando terminó la revelación, esos dones-señales cesaron. B.B Warfield escribió: “Estos dones milagrosos fueron parte de las credenciales de los apóstoles, como agentes autorizados de Dios para fundar la iglesia. Su función los limitaba distintivamente a la iglesia apostólica, y necesariamente desaparecieron con ellos”.

Fragmentos del Comentario MacArthur del Nuevo Testamento: Primera Corintios.


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