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Por: Charles Spurgeon.

Este artículo forma parte de la serie Estudio de los Salmos por Charles Spurgeon

Salmo 143.

Título: «Salmo de David». Se parece tanto a otros Salmos davídicos que aceptamos el título sin la menor vacilación. La historia de David lo ilustra, y su espíritu respira en él. Por qué ha sido clasificado como uno de los siete Salmos Penitenciales no podemos decirlo; porque es más bien una reivindicación de su propia integridad, y una oración indignada contra sus calumniadores, que una confesión de falta.

Es verdad que el segundo versículo prueba que él nunca había ni sonado intentar justificarse delante del Señor; pero en ello es difícil ver que haya el quebrantamiento de espíritu que hallamos en la penitencia. Parece más bien marcial que penitencial, más bien una súplica para ser liberado de la tribulación que un reconocimiento compungido de trasgresión. C. H. S.

Todo el Salmo: Al hacer este Salmo (según se ve claramente), David se hallaba en algún peligro extremo; fuera por parte de Saúl, que le había forzado a huir a la cueva como en el Salmo anterior, o por parte de Absalón su hijo, o por algún otro, esto es incierto. Este valioso Salmo, pues, contiene estas tres cosas: Primera, una confesión de sus pecados. Segunda, una lamentación por las injurias infligidas. Tercera, una súplica de liberación temporal y de gracias espirituales. Archibald Symson
 
Versículo 1. Oh Jehová, oye mi oración, escucha mis ruegos.

Los hombres de gracia sienten anhelos de ser oídos en la oración y por ello doblan sus súplicas para conseguirlo. El Salmista desea ser oído y considerado; por ello dama: «Oye, y luego escucha.» C. H. S.
 
Respóndeme por tu verdad. El perdón no es incompatible con la verdad o la justicia, y el perdón que por su misericordia Dios concede al pecador es concedido en justicia a su querido Hijo, el cual aceptó y cumplió las obligaciones del pecador. Esto es una verdad infinitamente preciosa, y los corazones de millares en todas las edades han sido sostenidos y alegrados por ella.
 
Una anciana cristiana, muy humilde, comprendió esto tan plenamente, que cuando un siervo de Dios le preguntó cuando yacía en su cama moribunda-, que cuál era la base de su esperanza para la eternidad, contestó, con mucha seguridad: «Confío en la justicia de Dios»; añadiendo, sin embargo, cuando la respuesta dejó sorprendido a su interlocutor: «Justicia, no hacia mí, sino a mi Sustituto, en quien confío.» Robert Macdonal
 
Versículo 2. Y no entres en juicio con tu siervo.

Hace algunos años visitaba yo a una joven que se estaba muriendo de consunción. Era pobre y forastera en nuestra ciudad, aunque había vivido en ella algún tiempo en su infancia y había asistido a mi clase de Escuela Dominical. ¿Cuál era su único apoyo, esperanza y consuelo a la vista del oscuro valle de sombra de muerte al que se iba acercando? Era un versículo de un Salmo que había aprendido en mi clase y que nunca había olvidado. Lo repetía con las manos juntas, mirada penetrante y con la voz temblándole en los labios:
 
No entres en juicio con tu siervo;
porque no se justificará delante de Ti
ningún ser humano.
 
No; ningún pecador puede resistir la mirada de Ti, oh Dios, si trata de justificarse a sí mismo. James Comper Gray

Un joven me dijo una vez: «No creo que yo sea un pecador.» Le pregunté si no le importaría que su madre o su hermana supieran todo lo que él había hecho, dicho o pensado, y todos sus pasos y sus deseos.
 
Después de un momento me contestó: «No, ciertamente, no me gustaría que lo supieran; en modo alguno.» «Entonces, ¿cómo te atreves a decir, en la presencia del Dios santo, que conoce todos los pensamientos de tu corazón, que no has cometido pecado?» John B. Gough
 
Porque no se justificará delante de Ti ningún ser humano. Esta edad insensata ha producido muestras de un orgullo tal que los hombres se han atrevido a afirmar la perfección en la carne; pero estos jactanciosos vanos no son excepción a la regla puesta aquí: no son sino hombres, y ejemplares pobres además. Cuando se examinan sus vidas con frecuencia se hallan en ellas más faltas que en el humilde penitente ante el cual se glorían de su superioridad. C. H. S.
 
Versículo 3. Ha postrado en tierra mi vida.

La calumnia tiene un efecto deprimente sobre el ánimo; es un golpe que derriba la mente como si le hubieran dado con el puño. C. H. S.

Versículo 5. Recuerdo los días de antaño.

Cuando no veamos nada nuevo que pueda alegrarnos, pensemos en las cosas antiguas. En un tiempo pasado nuestros días eran alegres, días de liberación y gozo y acción de gracias; ¿por qué no han de serlo otra vez? Jehová rescató a su pueblo en las épocas pasadas, hace siglos; ¿por qué no ha de hacerlo ahora de nuevo? Nosotros mismos tenemos un pasado sustancial al que mirar; tenemos recuerdos soleados, recuerdos sagrados, recuerdos satisfactorios, y éstos son como flores para las abejas de la fe, y, al visitarías, pueden hacer miel para el presente. C. H. S.
 
Versículo 5. y 6. Extiendo mis manos hacia ti.

Como un mendigo pide limosna. Mendigar no es el oficio más fácil ni más pobre, sino el más difícil y el más rico de todos. John Trapp
 
Mi alma tiene sed de Ti como la tierra sedienta. Como el suelo se resquebraja y abre la boca en súplica muda, así el alma del Salmista se partía por su anhelo. Tenía sed del Señor. Si pudiera haber sentido la presencia de su Dios, no se habría sentido abrumado o vivido en la oscuridad; es más, todo se habría vuelto para él paz y gozo. C. H. S.
 
Selah. Es hora de hacer una pausa, porque la súplica ha llegado a un punto cumbre. Tanto las cuerdas del arpa como las del corazón necesitan descanso y ser afinadas para la segunda mitad del cántico. C. H. S.
 
Versículo 7, 8, 10 y 11. Por tu nombre, oh Jehová, me vivificarás. Esto es exacto; nuestras oraciones, así como nuestras otras formas de obediencia, han de ser imparciales; deberíamos desear el consuelo por amor a la santidad, más bien que la santidad por amor al consuelo. John Fawcett
 
Versículo 8. Hazme sentir tu misericordia.

No es de extrañar que los ateos y los que rehúsan la Palabra de Dios vivan sin consuelo y mueran sin él también, debido a que rehúsan el instrumento que les proporcionaría el gozo. Es natural que el ateo muera sediento, puesto que rechaza el vaso, la Palabra de Dios, del que podría obtener refrigerio. Por tanto, como la fe viene por oír la palabra de Dios, y todo nuestro consuelo viene de ella, oremos a Dios para que abra nuestros oídos y corazones, para que podamos recibir las buenas nuevas de reconciliación de Dios. C. H. S.
 
Hazme sentir por la mañana tu misericordia. Deseamos que las aflicciones se aparten de nosotros, y que para hacerlo tuvieran pies como de gacela, o bien que nosotros tuviéramos las alas de una paloma, para huir de ellas y descansar… ¿Qué preso no desea que le pongan en libertad? ¿Qué marinero desea que la tempestad sea larga? ¿Qué siervo no suspira sobre su largo aprendizaje?
 
Sí, ¿quién hay que, si se le ofreciera la posibilidad de evitar el beber la copa de la calamidad, diciéndole: «No bebas más», contestara: «Esta copa no ha de pasar de mí; me deleito en beber hasta el fin sus aguas amargas»? Sí, este deseo es tan común que alcanza al Hijo del hombre, la bendita simiente de la mujer, que estaba vestido de humana debilidad, y que oró fervorosamente en su angustia, y no una sola vez: «Oh Padre mío, si es posible», etc.; y cuando su Padre contesta que no, exclama como uno a punto de caer bajo la carga: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?»
 
La razón por la que Cristo se queja así hay que buscarla en el punto del cual procedió su carne, a saber, de nosotros. Era nuestra carne humana, no su espíritu divino, la que estaba cansada de tanto sufrimiento; su espíritu estaba dispuesto, pero su carne era débil. Thomas Calvert
 
Ocupemos nuestros pensamientos y afectos en ello. Está bien tener un tema así para ocupar los pensamientos de día, y, al despertarnos, que sea objeto de nuestros primeros deseos. Si entran otros pensamientos en nuestros corazones por la mañana, es posible que no podamos echarlos en todo el día. La oración y la alabanza, la lectura y la meditación, serán dulces con un tema así ocupando e influenciando nuestras mentes. Serán ejercicios de alegría, libertad y bendición. W. Arbot
 
Hazme saber el camino por donde debo andar. Con frecuencia llegamos a un lugar donde no podemos avanzar, rodeados como por un seto por una providencia de Dios, de modo que parece que no hay modo de escapar de allí. Un hombre se ve a veces entre dificultades por las que empieza a desesperar, y se dice: «Bien, esta vez todo ha terminado para mí»; como el estornino de Sterne, o peor, como el hombre de Bunyan en su jaula, que dice: «No puedo salir.» Entonces, cuando Dios le ha sacado de la confianza en sí mismo y de sus propios recursos, se abre una puerta en la pared y se levanta, y anda libre, alabando a Dios. George Barrell Chiveer
 
Versículo 9. Huyo a ti para que me escondas.

Jesús se ha hecho Él mismo el refugio de los suyos; cuanto más pronto y de modo más completo huyamos a El, mejor para nosotros. Debajo del dosel carmesí de la expiación de nuestro Señor los creyentes están completamente escondidos; permanezcamos allí y reposemos. C. H. S.
 
¿Esto es lo que queda del valor de David, que está contento de poder huir? ¿No habría hecho mejor si hubiera luchado y muerto con valor, en vez de huir como un cobarde? ¡Oh alma mía!, el huir no es siempre señal de cobardía; no es siempre una muestra de valor el estar firme en un punto; en tanto que el huir cuando sentimos nuestra propia debilidad, y el huir a El, en quien tenemos nuestra fuerza, esto, si no valor, es por lo menos sabiduría, aunque es, para decir la verdad, sabiduría y verdadero valor.
 
Y ahora, oh Dios, siendo así que me doy cuenta de mi propia debilidad y conozco tu fuerza, qué es lo que debo hacer sino huir, y ¿adónde huiré sino sólo a Ti?; a Ti, un santuario seguro para los que huyen de Ti. Sir Richard Baker
 
Esto implica: 1. Peligro: el cristiano puede estar en peligro del pecado, del yo, de los enemigos. 2. Temor: estos temores carecen de base, pero con frecuencia son muy penosos. 3. Incapacidad para defenderse uno mismo o de vencer a los contrincantes. 4. Previsión: se esconde antes de la tormenta, no sea que el enemigo caiga sobre él. 5. Una preocupación laudable por la seguridad y el consuelo. El creyente, si es sabio, en todo tiempo huirá a Jehová. James Smith
 
Versículo 9, 10. Tienes que apartar el pecado por medio del arrepentimiento. Jesucristo no será un santuario para los rebeldes; no va a proteger a los obradores de maldad. Cristo nunca va a esconder al diablo ni a alguno de sus siervos (Isaías 55: 6, 7): «Deje el impío su camino», etc. David lo sabía; por tanto, pide a Dios que le enseñe a hacer su voluntad. Ralph Robinson
 
Versículo 10. Enséñame a hacer tu voluntad.

No dice: «Enséñame a conocer tu voluntad», sino «a hacer tu voluntad». Dios nos enseña en tres formas: primera, por medio de su palabra; segunda, ilumina nuestra mente con el Espíritu; tercera, imprime su voluntad en nuestros corazones y nos hace obedientes a la misma; porque el siervo que conoce la voluntad de su amo y no la hace, será azotado con muchos azotes (Lucas 12). Archibald Symson
 
Versículo 11. Sacarás mi alma de la angustia.

Yo puedo hacerla entrar en ella, pero sólo Tú puedes sacarla. John Trapp

Versículo 11, 12. Por amor a tu nombre… por tu justicia y por tu misericordia. Nota bien, alma mía, las tres cuerdas con que procura David atraer a Dios para que le conceda lo que pide: por amor a su nombre; por amor a su justicia; por amor a su misericordia: tres motivos, en tanto que sería muy difícil que Dios pudiera denegar la petición basada en sólo uno de ellos. Pero si los tres motivos están bien entrelazados entre sí, no ya separados, entonces, ¡qué cuerda tan irresistible! Sir Richard Baker
 
Versículo 12. Y destruirás a todos los adversarios de mi alma.

¿Desea que Dios extermine a sus enemigos en su misericordia, cuando la destrucción había de ser más bien una obra de justicia? Respondo que la destrucción del malvado es una misericordia para la iglesia. Tal como Dios mostró gran misericordia y bondad a su iglesia con la muerte de Faraón, Senaquerib, Herodes y otros perturbadores de la misma. Archibald Symson



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