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Por: John Piper.

¿Cuál es la conexión entre esta seguridad, esta perseverancia prometida, y la cruz de nuestro Señor Jesús? Justo antes de que Jesús derramara Su sangre por los pecadores, levantó la copa en la Última Cena y dijo: «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por ustedes» (Luc. 22:20). Esto significa que el nuevo pacto, prometido de forma más explícita en Jeremías 31 y 32, fue asegurado y sellado por la sangre de Jesús. El nuevo pacto se hace realidad porque Jesús murió para establecerlo.

¿Y qué asegura el nuevo pacto para todos los que pertenecen a Cristo? La perseverancia en la fe hasta el final. Considera Jeremías 32:40: «Haré con ellos un pacto eterno: Nunca dejaré de estar con ellos para mostrarles mi favor; pondré mi temor en sus corazones, y así no se apartarán de mí». El pacto eterno, el nuevo pacto, incluye la promesa inquebrantable: «pondré mi temor en sus corazones, y así no se apartarán de mí». Cristo selló este pacto con Su sangre. Él compró tu perseverancia.

Si hoy perseveras en la fe, lo debes a la sangre de Jesús. El Espíritu Santo, que está trabajando en ti para preservar tu fe, honra la compra de Jesús. Dios el Espíritu obra en nosotros lo que Dios el Hijo obtuvo para nosotros. El Padre lo planeó. Jesús lo compró. El Espíritu lo aplica. Y las tres personas de la Trinidad actúan infaliblemente. Dios está totalmente comprometido con la seguridad eterna de Sus hijos comprados con sangre.

Fragmentos tomados del libro de Piper «Asombrados por Dios» 


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