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Por: Max Lucado.

¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. Romanos 8.33

Cada momento de tu vida, tu acusador está presentando cargos contra ti. Ha notado cada error y marcado cada falta. Tratas de olvidar tu pasado; él te lo recordará. Tratas de enmendar tus faltas; él se opondrá.

Este testigo experto no tiene otro objetivo que llevarte al tribunal y acusarte. ¿Quién es él? El diablo…

El diablo te acusa:

—Dios, este a quien llamas hijo no es digno…

Mientras habla, bajas la cabeza. No tienes defensa. Sus acusaciones son válidas.

—Me declaro culpable, señor juez —dices entre dientes.

—¿Cuál es la sentencia? —pregunta Satanás.

—La paga del pecado es muerte —explica el juez—, pero en este caso la muerte ya ocurrió. Esta persona murió con Cristo.

Satanás queda súbitamente en silencio. Y de repente sientes un gran júbilo. Has comparecido ante el juez y lo has oído declararte «inocente».

En Manos de la Gracia



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