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Por: Charles Spurgeon.

Este artículo forma parte de la serie Estudio de los Salmos por Charles Spurgeon

Salmo 140.

Este Salmo está en el lugar apropiado y a continuación del 139, de modo que casi puede leerse tras el anterior sin hallar una brecha entre los dos. El conjunto del Libro de los Salmos quedaría dañado seriamente si se interfiriera con el orden de los mismos, como algunos han propuesto. Es el grito del alma acorralada, la súplica de un creyente perseguido incesantemente y sitiado por enemigos astutos, que ansían su destrucción.
 
David era perseguido como una perdiz por los montes y raramente tenía un momento de descanso. Esta es la apelación patética a Jehová pidiendo protección, una llamada que gradualmente se intensifica en la denuncia de sus acerbos enemigos. Con este sacrificio de oración ofrece la sal de la fe, porque en una manera muy marcada y enfática expresa su confianza personal en el Señor como Protector de los oprimidos y como su propio Dios y defensor. Pocos Salmos cortos son tan ricos en la joya preciosa de la fe. C. H. S.
 
Versículo 1. Líbrame, oh Jehová, del hombre malo.

Se lee como una cláusula de la oración del Señor: «Líbranos del mal.» David no suplicaba contra ningún individuo en particular, sino contra la especie representada por aquel cuya mejor descripción es «el hombre malo». Hay muchos que pertenecen a tal especie; realmente no hallaremos ninguno que no sea regenerado que en un sentido u otro no sea malo; y, sin embargo, no todos son igualmente malos. Es bueno que nuestros enemigos sean malos; sería algo espantoso que tuviéramos a los buenos contra nosotros. C. H. S.
 
Guárdame de hombres violentos. El mal en el corazón se caldea en malicia y al fin hierve en pasión. El mal pasa a ser furor cuando tiene libertad para manifestarse; y entonces «el hombre malo» se desarrolla en el «hombre violento». ¿Qué vigilancia, fuerza o valor puede preservar al hijo de Dios del engaño y de la violencia? Sólo hay uno seguro que puede preservarle, y somos prudentes cuando nos cobijamos a la sombra de sus alas.
 
Es común que los hombres buenos sean atacados por sus enemigos; David fue atacado por Saúl, Doeg, Ahitofel, Simei y otros; incluso Mardoqueo, sentado humildemente a la puerta, tenía su Amán; y nuestro Señor, el perfecto, estaba rodeado por los que tenían sed de su sangre. No podemos esperar, pues, que nosotros podamos pasar por el mundo sin enemigos, pero sí ser librados de sus manos, preservados de su furor, de modo que no pueda resultar daño real de su malicia. Esta bendición hay que procurarla por medio de la oración y esperarla por fe. C. H. S.
 
Versículo 2. Los cuales maquinan en su corazón.

No son felices a menos que intriguen y se confabulen. Parece que piensan unánimes y están en completo acuerdo en su malicia, y de todo corazón persigan a su víctima.
 
Causar un mal no es bastante para ellos; trabajan en plural y preparan muchas saetas para su arco. C. H. S.
 
Cada día provocan contiendas. Literalmente esta cláusula dice: «recogen guerras», y algunos así lo entienden. Pero es bien conocido que las preposiciones son omitidas con frecuencia en el hebreo, y no hay duda de que el texto significa que provocan una enemistad general por medio de su falsa información, que actúa como una trompeta llamando a la batalla. Juan Calvino
 
Versículo 2, 3. Los malos atacan al justo con tres armas: con el corazón, conspirando; con la lengua, mintiendo; con la mano, por la violencia. John Lorinus

Versículo 3. Aguzaron su lengua como la serpiente.

El movimiento rápido de la lengua de una víbora produce la impresión de que la aguza; lo mismo los maliciosos mueven la lengua tan rápido que hace suponer que la están aguzando. El poeta lo dice así en El rey Lear:

«Hirióme con su lengua, como una serpiente, en el mismo corazón.» El aguzar la lengua significa una forma extrema de parlería, y mucho más el aguzar la lengua «como una serpiente». Los naturalistas nos dicen que no hay criatura que mueva su lengua con tanta rapidez como una serpiente, y por ello se dice que tienen tres lenguas. El Salmista significa: los malos hablan rápidamente, triplemente, y me hieren y envenenan con sus lenguas. Joseph Caryl
 
¿No es un hecho que hay muchos hombres cuya misma existencia es casi tan dañina como el veneno? Disparan sus lenguas lívidas como las de una serpiente, y el veneno de su disposición corroe el mismo objeto sobre el cual se concentran; siempre llenos de vileza y malicia, como el ave de mal agüero nocturna.
 
Veneno de áspid hay debajo de sus labios. Es triste las cosas que pueden decir incluso hombres buenos cuando son provocados; sí, incluso los que se llaman «perfectos» cuando están en calma, no son tan mansos como palomas cuando uno pone en duda sus afirmaciones de no tener pecado.

Este veneno del hablar mal no caería nunca de nuestros labios, por mucho que se nos provocara, si no estuviera allí de modo permanente; pero por naturaleza tenemos almacenadas muchas palabras venenosas, como la cobra tiene almacenado su veneno. Oh Señor, quita las bolsas de veneno y haz que de nuestros labios no salga sino miel. Selah. Este es trabajo duro. ¡Sube, corazón mío! No te hundas. No caigas. Levántate hacia Dios. C. H. S.
 
En los días del apóstol Santiago, como ahora, al parecer había hombres y mujeres ociosas que iban de puerta en puerta chismeando y calumniando, y, con todo, uno no podía examinar la calumnia y descubrir la falsedad en ella. No se podía evaporar la verdad en un proceso lento en el crisol y ver en qué consistía el residuo de falsedad reluciente y visible. No se podía señalar qué palabra, o frase, o dicho era la calumnia; porque para constituir una calumnia no es necesario que la palabra dicha sea falsa; las medias verdades son a veces más calumniosas que las falsedades enteras.
 
No es, incluso, necesario que sea pronunciada una sola palabra de modo claro; un labio caído, una ceja arqueada, un hombro encogido, una mirada significativa, una expresión incrédula en el rostro, y aun un silencio enfático pueden hacer la tarea; y cuando lo ligero y trivial que ha producido la maldad se ha desvanecido, queda detrás el veneno para enconar la herida, inflamar el corazón, hacer febril la existencia y emponzoñar la compañía humana en la misma fuente de la vida.
 
De modo muy enfático pudo decir uno que había sufrido una tal aflicción: «Veneno de áspid hay debajo de sus labios.» Frederick Wm. Robertson
 
¿Qué se puede decir de los que se han ocupado en esta actividad sino que son una «generación de víboras», la nidada de la antigua serpiente», el gran acusador y calumniador de los hermanos, que tiene bajo su lengua una bolsa de «veneno» que da la muerte instantánea a la reputación de aquel al que hinca el diente? Así, David era perseguido como un rebelde, Cristo fue crucificado como un blasfemo, y los cristianos primitivos eran torturados como culpables de incesto y asesinato. George Horne
 
Tal es la naturaleza del pecado; entra donde quiere, se arrastra de un miembro del cuerpo a otro, y del cuerpo al alma, hasta que ha infectado al hombre entero; y luego va de hombre a hombre, hasta que infecta a toda la familia; y no se queda allí, sino que, desparramándose como fuego en una pradera, va de familia en familia hasta que ha envenenado a toda la ciudad, y así a todo el país o a todo un reino. William Crashaw
 
Versículo 4. Guárdame, oh Jehová, de las manos del impío.

Ninguna criatura entre las fieras de la selva es tan terrible como enemigo del hombre como el mismo hombre cuando va guiado por el mal e impelido por la violencia. C. H. S.
 
Líbrame de hacer lo que ellos hacen, o lo que ellos querrían hacerme, o lo que se prometen que harán. Matthew Henry
 
Versículo 5. Han tendido red junto a la senda.

Si un hombre piadoso puede ser engañado, sobornado, atemorizado o encolerizado, el inicuo lo intentará. Están dispuestos a torcer las palabras, falsificar las intenciones, desviar los esfuerzos; dispuestos a halagar y mentir y hacerse ruines hasta el último grado con tal que puedan realizar sus propósitos abominables. Selah. El arpa necesita ser afinada después de estos acordes, y el corazón necesita elevarse hacia Dios. C. H. S.
 
Versículo 6. La voz de mis ruegos.

La única seguridad para el hombre sencillo y sin letras, cuando es atacado con los astutos argumentos de los herejes e infieles, no es la controversia, sino la oración, un arma que los adversarios raramente usan y no pueden entender. Bruno De Aste
 
Versículo 7. Jehová Señor, potente salvador mío, tú pusiste a cubierto mi cabeza en el día de la batalla.

El escudo del Eterno es una protección mejor que un casco de bronce. Cuando las flechas vuelan y el hacha de combate golpea a derecha e izquierda, no hay mejor cobertura para la cabeza que el poder del Todopoderoso. C. H. S.
 
Versículo 9. En cuanto a los que por todas partes me asedian, ahoguelos la malicia de sus propios labios.

El poeta representa a sus adversarios tan unidos como si tuvieran una sola cabeza, porque hay con frecuencia unanimidad entre los espíritus malignos, lo cual les hace mas fuertes y terribles en sus viles propósitos. La lex talionis, con frecuencia derriba al hombre violento y hace caer sobre él el mal que había planeado para otros; sus flechas se vuelven contra ellos. Cuando los labios de un hombre sueltan maldiciones, probablemente, como las gallinas, acabarán regresando al punto del que partieron para reposar. Una piedra lanzada al aire es muy probable que caiga sobre la cabeza del que la lanzó.
 
Las palabras de David se pueden leer en el futuro como una profecía; pero en este versículo, en todo caso, no hay necesidad de hacerlo para suavizar su tono. Es tan justo que la maldad que los hombres maquinan y la calumnia que esparcen se vuelva como un culatazo contra ellos, que todo hombre recto ha de desearlo; el que no desea que sea así, por creerse más humano y más cristiano, se arriesga a una componenda rastrera con los inicuos, o es deficiente en su sentido del bien y del mal.
 
Cuando los malos cavan hoyos para el inocente pero caen en ellos, creemos que los ángeles están contentos; ciertamente, el más tierno y amable de los filántropos, por mucho que sienta compasión por los que sufren, tiene que aprobar la justicia que hace que sufran. Sospechamos que algunos de nuestros críticos sólo necesitarían ponerse en el lugar de David, y con ello sus palabras cambiarían de tono. C. H. S.
 
Versículo 10. Caerán sobre ellos ascuas de fuego.

Los que han calentado siete veces el horno de la calumnia serán devorados por él. ¿Quién habría sentido compasión por Nabucodonosor si le hubieran echado a él en su propio horno? C. H. S.
 
En los abismos profundos de donde no salgan. Cuando el hombre justo cae, vuelve a levantarse; pero cuando cae el inicuo, «lo hace como Lucifer, para no volver a levantarse». C. H. S.
 
Versículo 11. El hombre deslenguado no se afianzará en la tierra.

Los hombres de lengua cruel y falsa son muy útiles cuando van como cadáveres a abonar el suelo. Llevan ya con el mal el elemento de corrupcion. De ahí que no hay oratoria que pueda prestar un cimiento seguro a la causa que lleva la mentira dentro de sí. C. H. S.
 
El mal cazará al hombre violento para derribarle. El pecado es su propio castigo; un hombre violento no necesita destino más aciago que segar el mal que ha sembrado. Es horrible que un cazador sea devorado por sus propios sabuesos; con todo, éste es el destino seguro del perseguidor. C. H. S.
 
Versículo 13. Ciertamente los justos alabarán tu nombre.

En la tierra un tiempo, en el cielo para siempre, el hombre puro de corazón cantará al Señor. Qué resonantes y dulces serán los cánticos de los redimidos en el milenio, cuando el manso heredará la tierra y se deleitará en la abundancia de paz!
 
Los rectos morarán en tu presencia. ¡Qué alto ha subido este Salmo.; desde ser cazado por los hombres malos, a residir en la presencia divina; así se eleva la fe del santo desde las profundidades a las alturas de reposo pacifico. Bien puede el Salmo llevar varios selahs, o ascensos. C. H. S.


Charles Haddon Spurgeon(19 de junio de 1834 – 31 de enero de 1892) fue un pastor bautista inglés. Aún es conocido por la gente como el Príncipe de los Predicadores.


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