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Por: J.C. Ryle

Leer Juan 1: 6- 13

Vemos en estos versículos, en tercer lugar, la extrema maldad del corazón natural del hombre. La tenemos en las palabras de Cristo: “En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron”.

Cristo estaba en el mundo invisiblemente mucho antes de nacer de la virgen María. Estaba allí desde el principio mismo gobernando, ordenando y dirigiendo toda la Creación. “Todas las cosas en él subsisten” (Colosenses 1:17). Le dio a todos vida y aire, lluvia del Cielo y estaciones con fruto. Por medio de Él reinaron los reyes y las naciones crecieron o disminuyeron. Pero los hombres no le conocieron ni le honraron, “honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador” (Romanos 1:25). ¡Bien merece el corazón natural ser llamado “malo”!

Pero Cristo vino al mundo visiblemente cuando nació en Belén y no le fue mejor. Vino a las mismas personas a las que había sacado de Egipto y que había adquirido para sí. Vino a los judíos, a quienes había apartado de otras naciones y a quien se había revelado por medio de los profetas. Vino a aquellos judíos mismos que habían leído de Él en las Escrituras del Antiguo Testamento, que le habían visto bajo tipos y figuras en sus cultos en el Templo y que habían profesado estar esperando su Venida. Y sin embargo, cuando vino, aquellos mismos judíos no le recibieron. Llegaron a rechazarle, a despreciarlo y a matarlo. ¡Bien merece el corazón natural ser llamado “extremadamente malo”!

Fragmento extraído de «Meditaciones sobre los evangelios: Juan»

*John Charles Ryle fue un obispo evangélico anglicano inglés. Fue el primer obispo anglicano de Liverpool y uno de los líderes evangélicos más importantes de su tiempo. Foto de Edgar Martínez.


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