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Por: R. C. Sproul.

Este artículo forma parte de la serie «Qué buena pregunta«

Tratar de responder esa pregunta en este corto formato casi provocaría más daño que beneficio. Podría decir a manera de anuncio que Tyndale House publicó un libro escrito por mí, titulado Chosen by God (publicado en español por Unilit bajo el título Escogidos por Dios), dedicado al estudio de esta muy difícil doctrina bíblica de la elección.

Cuando analizamos el asunto de la elección, más conocida como predestinación, muy a menudo la palabra se asocia con teología presbiteriana o calvinismo. El apóstol Pablo nos dice en Efesios que hemos sido predestinados en Cristo para ser hechura suya, y sigue también muy de cerca ese tema en el libro de Romanos, de modo que, como cristianos, tenemos que luchar con el concepto de la soberana elección divina.

Creo que debemos entender el punto básico de la elección, es decir, que Dios considera a la raza humana en su condición caída y nos ve a todos en un estado de rebelión contra él. Si ejerciera su justicia en forma total y completa hacia el mundo entero, todos nosotros pereceríamos. Las Escrituras nos dicen que en nuestro estado natural caído, nos encontramos en un estado de esclavitud moral. Mantenemos la capacidad de hacer elecciones, pero dichas elecciones siguen los deseos de nuestros corazones, y lo que nos falta como criaturas caídas es tener incorporado en nosotros un deseo hacia Dios. Jesús dijo: “Nadie puede venir a mí a menos que el Padre me lo entregue.” Pienso que la elección se trata de que Dios, soberana y gratuitamente, produce un deseo por Cristo en aquellos que aparta del mundo. La dificultad y el gran misterio es que, aparentemente, no lo hace por todos. Se reserva el derecho, como le dijo a Moisés, y como lo reitera Pablo en el Nuevo Testamento, de tener misericordia de quien quiera tenerla —tal como eligió a Abraham y no a Hammurabi, o tal como Cristo apareció ante Pablo en el camino a Damasco de una forma en que no se apareció ante Poncio Pilato. Es decir, Dios no trata a todos por igual. Nunca trata a alguien injustamente. Algunos reciben justicia y otros reciben misericordia, y Dios se reserva eternamente el derecho de dar su clemencia ejecutiva a aquellos que elige. Hay un gran debate al respecto, como usted sabe, pero creo que la elección hecha por Dios no está basada en mi justicia o la de usted, sino en su gracia.

Tomado de ¡Qué buena pregunta! Copyright © 1996 por R.C. Sproul.  


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