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Por: A. W. Tozer

Este artículo forma parte de la serie «Encuentros con el Dios Todopoderoso»

Grande es el SEÑOR, y digno de toda alabanza; su grandeza es insondable. SALMO 145:3

¡Dios es infinito! Ese es el pensamiento más difícil que te pediré

que captes. No puedes entender lo que significa infinito, pero no dejes que eso te moleste; ¡yo no lo entiendo y estoy tratando de explicártelo! «Infinito» implica mucho más de lo que cualquiera podría comprender, pero la razón, sin embargo, se postra y reconoce que Dios es infinito. Por infinito queremos decir que Dios no conoce límites, fronteras ni final. Lo que Dios es, lo es sin límites. Todo lo que Dios es, no tiene límites ni fronteras.

Tenemos que eliminar todo discurso descuidado aquí. Tú y yo hablamos sobre la riqueza ilimitada, pero no existe cosa semejante; puedes contarla. Hablamos de energía ilimitada, que no siento que yo tenga en este momento, pero no existe tal cosa; puedes medir la energía de un hombre. Decimos que un artista se toma infinitas molestias con su cuadro. En cambio, no sufre molestias infinitas; solo hace lo mejor que puede y, luego, levanta las manos y dice: «No está bien todavía, pero tendré que dejarlo así». A eso lo llamamos molestias infinitas.

Sin embargo, ese es un uso erróneo de las palabras «ilimitado», «inagotable» e «infinito». Estas palabras describen a Dios, no describen nada más que a Dios.

Señor, tu grandeza se extiende más allá de las limitaciones de mi capacidad humana para comprender. Eres ilimitado, inagotable e infinito, y eres muy digno de alabanza. Amén.


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