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Por: John MacArthur

Este artículo forma parte de la serie de devocionales «Fortaleza para hoy»

«Yo pues… os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz». EFESIOS 4:1-3

Dios está más interesado en lo que somos, porque ello determina lo que hacemos.

Estos versículos revelan una verdad básica: la vida cristiana no se trata principalmente de lo que hacemos, sino de lo que somos. Cuando Pablo enseña acerca del andar digno, acerca de cómo vivimos cada día, no se refiere a las acciones, sino a las actitudes.

Es posible tener lo que llamo «fruto de la acción» —como la alabanza (Hebreos 13:15), el dar (Filipenses 4:17), la evangelización (Romanos 1:13) y otras buenas obras (Colosenses 1:10)— sin tener el «fruto de la actitud», que es el fruto del Espíritu: «amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza» (Gálatas 5:22-23). Mucha gente puede hacer buenas obras sin justicia interna.

Pero eso es legalismo; es la hipocresía de la que la Biblia habla tanto. El camino correcto hacia la verdadera espiritualidad es, ante todo, tener actitudes apropiadas. El Espíritu Santo trabaja a través de nuestras actitudes para producir acciones correctas.

Por desdicha, muchos cristianos no consideran este punto. Para ellos, ser cristiano es principalmente una lista que comprende ir a la iglesia, llevar una Biblia y muchos «no hacer»: no maldecir, no beber, no asesinar. Ven el comportamiento aparente como cristianismo en lugar de la manifestación del mismo. No cultivan las gracias internas.

Por supuesto, Dios quiere que tengamos vidas rectas. Pero a aquellos con acciones meramente aparentes, Jesús dijo: «¡Ay de vosotros… hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia… Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio» (Mateo 23:25-26).

No se convierta usted mismo en esclavo de la religión aparente. Asegúrese de hacer sus buenas obras por amor a Dios y a los demás, como parte del derramamiento del fruto espiritual en su vida.

Sugerencias para la oración: Si ve hipocresía en usted, pídale a Dios que la purgue. Ore y busque con diligencia el fruto del Espíritu.

Para un estudio más profundo: Jesús advirtió acerca de la pecaminosidad interna en Mateo 5:21-22, 27-30 y de la justicia externa en 6:1-18 y 7:1-5. ¿Cómo es que Proverbios 4:23 es un antídoto para aquellos?


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