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Por: Thomas Watson (c. 1620-1686)

¿Dónde está el cristiano que medita? Aquí, me lamento por la falta de meditación santa. La mayoría de la gente vive apurada; está tan distraída con los cuidados del mundo que no pueden encontrar un momento para meditar ni preguntarle a su alma cómo está. No somos como los santos del pasado. David meditaba en los preceptos de Dios (Sal. 119:15). Isaac salía a caminar en la tarde para meditar (Gn. 24:63). Él tomó un turno con Dios… Pero ya está pasado de moda entre los cristianos modernos.

Bajo la Ley, las bestias que no rumian eran impuras. Los que no rumian por medio de la meditación santa, serán contados como impuros. Pero prefiero cambiar mi lamentación en convicción… Pitágoras se aisló de la sociedad y vivió todo un año en una cueva para meditar sobre filosofía. ¡Cuánto más nosotros deberíamos retirarnos y encerrarnos, al menos una vez por día, para meditar sobre la gloria de Dios!

1. La meditación hace que sea provechosa la Palabra predicada. La meditación obra sobre nuestra conciencia.

Así como la abeja chupa la flor, la meditación chupa la dulzura de la verdad. No es el hecho de poner la comida en la boca, sino de digerirla; eso es lo que la hace nutritiva. De

igual manera, no es el hecho de oír las verdades más excelentes lo que nutre nuestra alma, sino el digerirlas por medio de la meditación. El vino pasado por un colador pasa

de largo [y] así, muchas verdades pasan de largo porque los pastores echan su vino en coladores, [es decir] en memorias que gotean o mentes frívolas. La meditación es como una lluvia que empapa, penetra a la raíz del árbol y hace que dé fruto.

2. La meditación santa aviva los afectos. “¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación” (Sal. 119:97). La razón por la cual nuestros afectos son tan fríos con las cosas celestiales es porque no los calentamos con el fuego de la meditación santa. Así como la meditación en objetos amorosos hace arder el fuego de la lujuria [y] la meditación sobre las heridas enciende el fuego de la venganza, así la meditación sobre las trascendentes bellezas de Cristo, hace que se encienda el amor por Él.

3. La meditación tiene un poder transformador. Oír la Palabra puede afectarnos, pero meditar sobre ella, nos transforma. La meditación estampa una impresión de verdades divinas en nuestro corazón. Meditar en la santidad de Dios aumenta nuestra santidad. Así como los animales de Jacob procreaban delante de las varas que miraban, así también por la meditación, contemplamos la pureza de Dios, somos transformados a su semejanza y somos hechos partícipes de su naturaleza divina.

4. La meditación produce reforma. “Consideré mis caminos, y volví mis pies a tus testimonios” (Sal. 119:59). Si la gente meditara en la maldición del pecado, si pensara cuanto anda metido en él, verían que hay una soga al final que los colgará eternamente en el infierno, romperían el curso de sus pecados para convertirse en nuevas criaturas. Qué todo esto nos convenza acerca de la meditación santa. Me atrevo a decir que, si los hombres pasaran, al menos un cuarto de hora cada día, contemplando objetos celestiales, esto dejaría una impresión poderosa sobre ellos y, mediante la bendición de Dios, podría llegar a ser el principio de una feliz conversión.

Tomado de El soldado cristiano o El cielo tomado por asalto (The Christian Soldier, or Heaven Taken by Storm), de dominio público.  

*Thomas Watson. Predicador Puritano inglés, del que se ignora su genealogía y la fecha de su nacimiento. Estudió con ahínco en el Emmanuel College de la Universidad de Cambridge, llamada la “Escuela de los Santos”, porque allí recibió su educación universitaria un número elevado de los llamados Puritanos, o teólogos evangélicos reformados del siglo XVII


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Un comentario en «4 beneficios de meditar en la Palabra de Dios – Thomas Watson»

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