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Por: A. W. Pink

La meditación es a la lectura lo que masticar es al comer. Tome un solo versículo de las Escrituras al iniciar el día, escríbelo en un papel y llévalo contigo a dondequiera que vayas. Refresque su memoria releyéndolo cuando se presente la oportunidad. Ora y pídele a Dios que te dé una bendición a través de este versículo; que te revele su hermosura y su valor. Luego medita sobre cada palabra, separadamente. Hazle preguntas al versículo y procura descubrir su significado más profundo.

Supongamos que estás meditando sobre en Salmos 34:7: “El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende”. Hágase preguntas como estas: ¿Por qué “el ángel”? ¿Quién es? “Acampa” —nótese el tiempo; es un presente indicativo—. ¿Qué sugiere esta figura? “Alrededor”. ¿Qué significa esto? “Los que le temen”. ¿Soy yo uno de ellos? “Y los defiende”. ¿De qué? Después, encuentra respuestas en otros versículos que hablan de “defender”.

Asimilación: Este es el resultado de apropiarse, masticar y de tener el fin principal a la vista. El alimento que ingiero es para sustituir lo que el cuerpo ha desechado. El alimento que he masticado y digerido, pasa a ser parte de mi sistema y se transmuta en sangre y tejido, dándome salud y fuerza. El alimento así asimilado, aparece en el vigor de mi caminar, en la fuerza de mi brazo y en el brillo de mi rostro. Estoy ahora equipado, mi sistema puede vencer a los gérmenes de enfermedades que atacan mi cuerpo.

Todo esto tiene su equivalente en el hombre espiritual. El alimento que he tomado en mi alma, si es digerido adecuadamente, edificará mi nueva naturaleza. Nutrirá mi fe y suplirá la fuerza necesaria para mi tarea y mi servicio diarios. Además, me protegerá contra los gérmenes de tentación que me asaltan: “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (Sal. 119:11).

Este, entonces, es el gran fin a la vista. La Palabra de Dios nos es dada para alimentarnos de ella con el propósito de aplicar las Escrituras en términos de nuestro diario vivir. Los principios y preceptos de la Biblia tienen que ser incorporados a mi vida. La Palabra no ha sido asimilada hasta haberse convertido en el regulador de mi andar y el dinamo de mi servicio.

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Tomado de Estudios en las Escrituras (Studies in the Scriptures). Publicado en Revista Portavoz de la Gracia No.40, la puede descargar gratis EN ESTE ENLACE.

*Arthur W. Pink (1886-1952): Autor, pastor y maestro itinerante de la Biblia; nacido en Nottingham, Inglaterra, Reino Unido.



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