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Por: Paul Washer

Las Escrituras afirman que la Caída no fue por culpa del Creador. Todas las obras de Dios son perfectas (Deut. 32:4); Él no puede ser tentado por el pecado ni tienta a nadie (Sant. 1:13). La culpa de la Caída está solamente sobre los hombros de Adán. Como declara Eclesiastés 7:29: «He aquí, solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones».

De esta verdad surge uno de los problemas teológicos más grandes de todas las Escrituras: ¿Cómo es posible que una criatura hecha a imagen de Dios eligiera el mal y el pecado? Adán y Eva tenían una verdadera inclinación hacia el bien, y no había nada corrupto o malvado en ellos que los atrajera a la tentación. La explicación de cómo seres tan justos podían elegir el mal sobre el bien y preferir las palabras de la serpiente a los mandamientos de su Creador, está más allá de la comprensión humana.

Ha habido muchos intentos a través de la historia de explicar la Caída de Adán, pero ninguno está libre de limitaciones. Debemos, entonces, estar satisfechos con la simple verdad de la Escritura de que, aunque Dios hizo al hombre recto y santo, él era finito y mutable (es decir, sujeto al cambio) y capaz de tomar una decisión contraria a la voluntad de Dios.

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