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Por: A. W. Tozer.

Lucas 18:1: También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar

Está escrito que Cristo murió por nuestros pecados, y también está escrito que «Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados» (1 Juan 1:9). Estos dos textos fueron escritos para las mismas personas, es decir, cristianos. No podemos utilizar el primer texto para invalidar el segundo. Ambos son ciertos y el uno completa el otro. El significado del segundo es que, ya que Cristo murió por nuestros pecados, si confesamos nuestros pecados, estos serán perdonados. Enseñar otra cosa es intentar volar con una sola ala. Me he encontrado con personas que afirman que está mal orar por la misma cosa dos veces, argumentando que si creemos de verdad que cuando oramos tenemos la respuesta la primera vez, cualquier segunda demuestra la incredulidad de la primera. Hay tres cosas que están mal con esta enseñanza. Una es que ignora una gran parte de las Escrituras; la segunda es que raramente funciona en la práctica, ni siquiera para el alma más santa, y la tercera es que, si persistimos en esto, robamos a la persona que ora dos de sus más poderosas armas en su lucha contra la carne y el diablo: la intercesión y la petición.

El intercesor efectivo nunca es una persona de una sola oración, ni tampoco el que pide gana sus victorias a su primer intento. Si David se hubiera suscrito al credo de la oración única, podría haber reducido sus salmos a un tercio de su longitud. Elías no habría orado siete veces por la lluvia (y, como consecuencia, no habría habido lluvia), nuestro Señor no habría orado tres veces diciendo las mismas palabras, ni tampoco Pablo habría rogado tres veces al Señor (2 Corintios 12:8) para que su espina fuera quitada. De hecho, si esta enseñanza fuera cierta, una gran cantidad de maravillosas historias de la Biblia habrían de ser reescritas, porque la Biblia tiene mucho que decir acerca de una oración continuada y persistente.

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