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Por: Tim Keller

Uno de los regalos más grandes de Dios es el acceso a Él por medio de la oración (versículo 6). Samuel tenía una teología elevada de la oración, como puede verse cuando dijo «Lejos sea de mí que peque yo contra el Señor cesando de rogar por vosotros» (1 Samuel 12:23). Pero ¿Cómo puede un Dios santo escuchar las oraciones de humanos pecadores? El versículo 8 conecta el acceso a la oración con el perdón de Dios. La referencia a los querubines en el primer versículo de este salmo nos recuerda el arca del pacto y el tabernáculo donde la sangre era rociada para expiar el pecado (Éxodo 25:17). Esta era solamente un símbolo. La Sangre de Jesús nos trae con plena seguridad a la presencia de un Dios santo (Hebreos 9:5, 11-14, 10:19-25).

Señor, la falta de oración es un pecado delante de ti. Sale de la autosuficiencia, y es algo que está mal y te deshonra. La falta de oración también es un pecado contra los que están a mi alrededor. Debería estar ocupando mi corazón y tu poder en sus necesidades. Señor, te oro con todo mi corazón para que me des un corazón de oración. Amén.

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Foto de adrianna geo en Unsplash


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