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Por: Sugel Michelén

Esta es la segunda parte del artículo anterior del mismo título, lo puedes leer aquí

En tercer lugar, debemos tomar en consideración que la iglesia es mucho más que lo que ocurre los domingos en el culto de adoración. Algunas personas parecen no comprender esta sencilla verdad de las Escrituras y por eso mismo no saben cuál es el lugar que ocupan en la iglesia ni cómo pueden poner sus dones en operación en el pueblo de Dios.

Si la iglesia es lo que ocurre cuando nos congregamos cada domingo, ¿cómo podrán poner sus dones y talentos en operación aquellos que no predican, o los que no dirigen la alabanza, ni tocan ningún instrumento musical?

Y noten que este es un problema que no solo afecta a las mujeres, sino también a los hombres, porque no todos los hombres son pastores, ni todos los hombres predican, ni dirigen la alabanza en el culto público.

Pero una vez más, esto no es un asunto de superioridad o inferioridad, sino de dones y de vocación. Dios no llama a todos los hombres a predicar y a ser pastores; pero a todos nos llama a beneficiar el cuerpo de Cristo con los dones y talentos que El ha dado a cada uno. Porque la vida de una iglesia local no se circunscribe a lo que ocurre el domingo en sus cultos de adoración. Somos iglesia las 24 horas del día y los siete días de la semana.

Y como espero que veamos en otro artículo, las mujeres juegan un papel de suprema importancia en la vida y ministerio de toda iglesia local. Ninguna iglesia podrá desarrollarse debidamente sin la participación activa de sus mujeres actuando como mujeres.

Mis queridas hermanas, no es necesario que renuncien a vuestra femineidad para que puedan ser útiles en el pueblo de Dios. No permitan que les roben vuestra gloria con el argumento falso de que ser mujer es una desventaja, porque si hay algo que la iglesia de Cristo necesita urgentemente son mujeres que asuman responsablemente el supremo llamamiento de ser mujeres en todo el sentido de la Palabra para la gloria de Dios.

En cuarto y último lugar, al considerar el rol de la mujer en la iglesia no debemos pasar por alto el hecho de que las cartas que componen el NT fueron dirigidas a iglesias compuestas por hombres y mujeres y, por lo tanto, sus directrices generales se aplican a hombres y mujeres por igual.

Por ejemplo, cuando Pablo dice en Ef. 4:11ss que los pastores equipan a los santos para la obra del ministerio, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe, etc., se está refiriendo a hombres y mujeres por igual. Todos estamos siendo equipados por el ministerio de enseñanza en la iglesia para que todos nos ayudemos mutuamente, según los dones que Dios ha dado cada uno, independientemente de que sea hombre o sea mujer.

Dios no restringe a las mujeres del ministerio pastoral o de la enseñanza en el culto público porque las mujeres sean menos espirituales, ni menos capaces que el hombre. Son muchas las cosas que las mujeres están llamadas a hacer en beneficio del reino de Dios, cosas para las cuales han sido dotadas con los dones y talentos necesarios.

Repito, esto no es un asunto de capacidad. Muchas mujeres son más capaces que muchos hombres en muchos sentidos. Pero así como Cristo se somete voluntariamente a la autoridad del Padre, ellas deben someterse a la autoridad de sus maridos, independientemente de las capacidades que puedan tener.

Uno de los argumentos que escucho a menudo a favor del ministerio pastoral de las mujeres es el hecho de que muchas pastoras han sido usadas por Dios para la salvación de pecadores y la edificación de la iglesia. ¿Cómo es posible que Dios use instrumentos que Él mismo desaprueba?

Antes de responder esta pregunta, es importante establecer el principio general de que nunca debemos evaluar la Biblia a la luz de nuestras experiencias, sino que debemos evaluar nuestras experiencias a la luz de la Biblia. En su segunda carta, el apóstol Pedro hace referencia a la experiencia que tanto él como Juan y Santiago tuvieron con Cristo en el monte de la transfiguración. Pero inmediatamente añade: “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro hasta que el día amanezca, y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones” (comp. 2P. 1:19). La Palabra inspirada está por encima de cualquier experiencia.

Por otra parte, al evaluar los resultados de un ministerio debemos recordar que nuestro juicio al evaluar un asunto no es infalible, y puede ser que lo que hoy veamos como bendición no lo sea realmente. Sin embargo, lo cierto es que muchas veces Dios en Su soberanía usa medios que El desaprueba. En Fil. 1:15 Pablo señala el hecho de que algunos predicaban a Cristo por envidia, pero aún así se gozaba en el hecho de que Cristo fuera proclamado: “de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo y me gozaré aún” (Fil. 1:18). ¿Cuántos creyentes se han casado con incrédulos, en franca violación a las Escrituras, y sin embargo los cónyuges incrédulos se han convertido? ¿Debemos por eso alentar la práctica de los matrimonios mixtos como un medio evangelístico? ¡Por supuesto que no!

Independientemente de las personas que puedan dar testimonio de que fueron bendecidos por el ministerio de una pastora, estos textos de las Escrituras que prohíben el ministerio pastoral a las mujeres significan lo que significan.

Insisto en que esto no es un asunto de capacidad, sino de un orden divino establecido por Dios para que hombres y mujeres podamos reflejar más plenamente Su imagen en el mundo. La Biblia condena el machismo tanto como el feminismo. Si queremos funcionar como iglesia como una verdadera comunidad de gracia, debemos evitar ambos extremos con todas las fuerzas de nuestro corazón.

ARTÍCULO RELACIONADO → Mujeres pastoras: Una Perspectiva Bíblica (1 de 2)- Sugel Michelén

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