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Por: A.W.Tozer.

1 Corintios 6:19-20 19: ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? 20 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.

La realidad de la vida de Dios en el creyente se desarrolla más ampliamente en las epístolas de Pablo. «¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?… porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es» (1 Corintios 3:16-17). De nuevo en 1 Corintios 6:19: «¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?«.

Sin duda, el Nuevo Testamento nos enseña que Dios habita en la naturaleza de Sus verdaderos hijos. Cómo es esto posible, no lo sé. Pero tampoco sé cómo mi alma habita mi cuerpo. Pablo dijo que esta maravilla de Dios habitando en nosotros es un rico misterio «Cristo en vosotros, la esperanza de gloria«. Y si la doctrina involucrara una contradicción o incluso una imposibilidad, aun así deberíamos creer que la boca de Dios ha hablado. «Sea Dios veraz y todo hombre mentiroso» (Romanos 3:4). Las riquezas espirituales enterradas en esta verdad son tan grandes que son dignas de cualquier tipo de esfuerzo que hagamos por recobrarlas.

Sin embargo, no nos preocupan principalmente la teología o la metafísica que hay en esto. Lo que queremos conocer es su realidad. ¿Qué significa esta verdad en la práctica? ¿Qué es lo que contiene para un cristiano serio que está obligado a vivir en este mundo impío y oscuro? Como Pablo diría: «Mucho en todas maneras» (Romanos 3:2).

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