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Por: Miguel Núñez.

Este artículo forma parte de fragmentos del libro «Hasta que ruja el León«

En su primera carta a los tesalonicenses, el apóstol Pablo menciona algunos deberes prácticos de la vida cristiana y de manera particular exhorta a la iglesia en Tesalónica a orar sin cesar (1 Ts 5:17). Él los llamó a orar de esta manera porque estaba consciente de que la oposición que el creyente recibe en la guerra espiritual es real, intensa e incesante, por lo que el hijo de Dios debe ser constante en su vida de oración si en verdad anhela permanecer firme en la fe, sin vacilar.

Ahora bien, orar sin cesar no significa que debemos dejar a un lado nuestros compromisos laborales o personales para dedicarnos exclusivamente a la oración a tiempo completo y sin interrupción. Más bien, orar sin cesar implica que la oración forma parte de cada momento de nuestras vidas. Oraciones breves y precisas que surgen en medio de una jornada de trabajo, mientras hacemos una larga fila en el banco o mientras nos trasladamos de un lugar a otro, son también una manera de cultivar nuestra comunión con Dios y de obedecer el llamado a orar sin cesar.

Por otro lado, el Evangelio de Lucas relata que en una ocasión Jesús narró una parábola a Sus discípulos con el propósito específico de “enseñarles que ellos debían orar en todo tiempo, y no desfallecer” (Lc 18:1). Esto nos habla una vez más de la importancia que Dios ha dado a la oración, algo que la Iglesia primitiva entendió muy bien porque la Palabra misma da testimonio de que los creyentes de aquel entonces se dedicaban continuamente a la oración (Hch 2:42). El problema de muchos cristianos hoy en día es que si no reciben con prontitud la respuesta que esperan, inmediatamente dejan de orar porque entienden que Dios no los escucha.

Pero Dios, que conoce todas las cosas, con frecuencia nos hace esperar, y la espera en sí misma constituye una respuesta, porque mientras esperamos Dios nos enseña a confiar y descansar en Él.

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Fragmentos tomados del libro “Hasta que ruja el León” del pastor Miguel Núñez.


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