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Este artículo forma parte de la serie: «Oraciones Puritanas»

¡Dios Todopoderoso!

Mientras cruzo el umbral de este día, yo Te confío, a mí misma alma, cuerpo, relaciones, amigos, a tu cuidado. Vigílame, guárdame, oriéntame, dirígeme santifícame, bendíceme. Inclina mi corazón hacia Tus caminos. Moldéame totalmente a imagen de Jesús, como un alfarero hace con el barro. Que mis labios sean un arpa bien afinada para resonar Tu alabanza.

Haz que aquellos que me rodean me vean viviendo por Tu Espíritu, pisando el mundo bajo los pies, no conformado a las mentirosas vanidades, transformado por una mente renovada, revestido con toda la armadura de Dios, brillando como una luz que nunca disminuye, demostrando santidad en todas mis acciones.

No permitas que ningún mal este día manche mis pensamientos, palabras, manos. Que yo pueda peregrinar por caminos lodosos con una vida pura de mancha u oscuridad. En las acciones necesarias, haz que mi afecto esté en el cielo, y mi amor elevado en llamas de fuego, mi mirada fija en cosas invisibles, mis ojos abiertos al vacío, frágiles, lejos de la tierra y sus vanidades.

Que yo pueda consultar todas las cosas en el espejo de la eternidad, a la espera de la venida de mi Señor, oyendo el llamado de la última trompeta, avivando el nuevo cielo y la nueva tierra. Ordena en este día todas mis conversaciones de acuerdo con Tu sabiduría, y a la ganancia del bien común.

No permitas que yo no sea beneficiado o hecho útil. Que yo pueda hablar cada palabra como si fuera mi última palabra, y andar cada paso como el último. Si mi vida fuera a terminar hoy, que este sea mi mejor día.

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Tomado de “El Valle de La Visión

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