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Por: EIVERT CARIDAD

¡Me encantan los deportes! Después de Dios y su Palabra, lo que más me apasiona es disfrutar ver deportes. Desde muy chico me sentaba frente al televisor para ver los partidos de mis equipos favoritos, y hoy lo sigo haciendo.

Sin embargo, he visto de cerca cómo el deporte puede convertirse en un obstáculo muy grande para la santidad y la vida piadosa.

El deporte es un ídolo para muchos de nosotros. No alcanzamos a imaginar la cantidad de creyentes que, domingo tras domingo, mientras están con la iglesia, tienen sus mentes en el partido de fútbol o están quejándose por no poder ir a jugar algún deporte con sus amigos.

Sí, es posible idolatrar el deporte

Hablar de “idolatría al deporte” puede sonar extraño. Eso se debe a que muchos cristianos deben revisar su concepto de lo que es la idolatría.

En Latinoamérica, la idolatría generalmente se asocia con aquellas prácticas no bíblicas que realizan las personas que pertenecen a otras religiones, como por ejemplo ser devoto a la Virgen del Carmen, o creer en otras deidades.

Aunque eso es cierto, la idolatría es mucho más que eso. Hace tiempo leí un pequeño libro de Louie Giglio en donde comparte algo que nunca olvidaré:

“Todo el mundo tiene un altar, y todo altar tiene un trono. Así que, ¿cómo sabes dónde adorar y qué adorar? Es fácil. Solo sigue el rastro de tu tiempo, tu afecto, tu energía, tu dinero y tu felicidad. Al final del sendero encontrarás un trono; y lo que sea, o quien sea que esté en ese trono, es lo que más vale para ti. En ese trono está lo que adoras”.[1]

Eso me ayudó a ver la realidad: el deporte puede ser un ídolo más, así como puede serlo la autoaceptación, el éxito, tu trabajo, etc. Y como todo ídolo, ¡es bien peligroso!

La idolatría es sacar del trono de tu corazón al Señor Jesucristo y, en su lugar, colocar a alguien o algo más. Si el deporte roba tu tiempo devocional, tu compromiso con tu iglesia local, y te aparta de tu llamado como creyente, se trata de un ídolo que debes destronar hoy mismo con la ayuda del Señor. El Señor Jesucristo fue muy enfático al decir que no podemos servir a dos señores (Mt. 6:24). No debemos tener otro Señor aparte de Él.

Un asunto de prioridades

Algunos cristianos somos muy espontáneos y expertos para discutir sobre nuestro jugador favorito. Somos excelentes predicadores deportivos. Creo que si trasladamos esa pasión, con la que defendemos a Cristiano Ronaldo o Messi, al hablar con autoridad y denuedo sobre la Palabra de Dios, seguramente tendríamos una mejor generación de cristianos. Hermanos, necesitamos que el deporte no sea la mayor prioridad de nuestras vidas.

He tenido que batallar con la idolatría al deporte. Sé que, semanas tras semana, muchos creyentes piensan más en el partido del domingo que en recibir lo que Dios tiene preparado a través del sermón dominical, los cánticos, y la participación de la Cena del Señor.

Por ejemplo, es público y notorio que en eventos deportivos muy importantes que coinciden con el día del Señor, muchas iglesias optan por cambiar el horario  de sus reuniones, o incluso, algunos son más osados al invitar a la gente a ver el partido en el local de la iglesia para luego participar del servicio. No quiero convertirme en juez, pero ¿esto no revela un problema en nuestras prioridades y nuestro poco entendimiento del día del Señor?

He pasado por esa situación. Era el mundial de Corea y Japón del año 2002. El partido: la final de la Copa del Mundo entre Brasil y Alemania. En mi país, Venezuela, el juego era en la mañana, así me quedé en mi casa a verlo y posteriormente fui tarde a la iglesia. Luego de eso, Dios me dió una profunda convicción de que obré mal. Demostré con hechos que para mí era más importante ver un partido de fútbol que ir a congregarme para adorar a mi Salvador.

Tal vez alguien pueda decirme: “Todos los domingos tenemos reuniones en la iglesia, pero no todos los fines de semana se juega un partido importante. Dios no se enoja si faltamos un domingo para ver un deporte”. De nuevo, esto muestra que nuestras prioridades están mal.

Un simple partido de fútbol u otro deporte puede hacerte daño si Dios no es lo más importante para ti. La Biblia dice que “donde está nuestro tesoro, allí también estará nuestro corazón” (Lc. 12:34). También se nos exhorta a que no seamos como el mundo, y a que renovemos nuestra manera de pensar (Ro. 12:2).

Si tienes tus prioridades en orden, entonces no tendrás problemas cuando el domingo juegue tu equipo favorito. Sabes que para ti es más importante ir a la casa del Señor y adorar junto a tus hermanos en la fe a nuestro Dios y Salvador Jesucristo (Sal. 122:1).

Necesitamos el evangelio

Entonces, ¿cómo hacemos para que nuestros corazones no nos lleven a la idolatría? La respuesta está en el evangelio.

La idolatría es pecado, y el pecado es lo que nos aleja de Dios. Puede que el deporte revele un verdadero vacío espiritual que es llenado continuamente con entretenimiento deportivo y, aunque el deporte en sí no es malo, puede ser un gran obstáculo para nuestro crecimiento espiritual. Es vital entender que ningún deporte o ningún jugador puede llenar verdaderamente nuestras vidas. Solo Cristo lo puede hacer, y por medio de Él tenemos perdón y redención.

Ir a Cristo en arrepentimiento y fe, poner nuestra confianza en Dios, y decirle al Señor que reine en nuestros corazones, nos ayudará a estar centrados en Cristo y en su Palabra. Somos pecadores y necesitamos el evangelio todos los días. Así que, si sabes que un deporte puede ser un ídolo para ti, debes pedirle a Dios que te ayude y te guíe.

Haz esto mientras practicas las disciplinas espirituales. Y pídele a Dios que prepare tu corazón para poder adorar con gozo el domingo junto a la iglesia, sin distraerte pensando en cómo le va a tu equipo favorito mientras adoras a Dios. Tampoco temas tener que grabar los eventos deportivos que transmiten mientras vas a la iglesia, a fin de verlos más tarde. Pide a Dios que te ayude a priorizar lo que Él prioriza: su gloria. Él se complace en extender gracia a pecadores que reconocen que dependen de Él.

Amo el deporte, las estadísticas deportivas, y ver los partidos de mi equipo favorito. Pero amo más al Señor. Aunque muchas veces he batallado en mi corazón con la idolatría, el amor de Dios, entender el sacrificio de Cristo, y mi responsabilidad con la iglesia local me ayudan en mis luchas para tomar las decisiones correctas. El deporte es muy bueno y todavía lo disfruto. No es malo que nos guste el deporte, pero Jesús es mejor.

ARTÍCULO DE INTERÉS → Glorificando a Dios con los ejercicios físicos.


[1] Louie Giglio, Mi respirar: La adoración como forma de vida (Spanish House, 2003), p. 12.

*Eivert Caridad sirve como maestro y predicador en Iglesia Arca de Cristo, en Maracaibo (Venezuela). Posee una Licenciatura en Estudios Teológicos (MINTS). Está casado con Marielena y tiene dos hijos. Puedes seguirlo en Twitter: @Eivert. Publicado originalmente en Coalición por el Evangelio. Foto de Thomas Serer en Unsplash


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