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Por: Sergio Cano*

Todos, en el momento de nuestro matrimonio, independientemente si éramos cristianos o no, sabíamos que debemos amar y respetar a nuestras esposas, que el adulterio es malo y que las relaciones íntimas son exclusivas para con nuestras esposas. Por estas enseñanzas morales, las cuales son correctas, damos por sentado lo que implica y nos embarcamos a tratar de hacerlas a nuestra manera, esperando así tener un buen matrimonio.

Sin embargo, conforme vamos avanzando en nuestras relaciones matrimoniales, muchas o la mayoría de veces, si somos honestos, estas enseñanzas se vuelven una carga y razones para conflictos fuertes dentro del matrimonio.

Somos dichosos por tener una esposa, una pareja, una amiga, una amante, una ayuda idónea en quien somos llamados a deleitarnos, es mandato de Dios. Sin embargo, debo confesar que por mucho tiempo fue una lucha para mí el recordar esto para vivirlo. Fui pronto a olvidar la bendición de tener una esposa para deleitarme con ella, cuidarla, respetarla y amarla cada día, y poder gozar mi vida con ella.

Hacer esto, corresponde al mandato de Dios desde Génesis 2:24, y, además, es sabio. Así lo enseña el rey Salomón, el rey más sabio y con más de 1,000 concubinas (1 Rey 11:3), a su hijo en su libro de Proverbios. Salomón comprendió que encontrar satisfacción fuera del mandato de Dios, era vanidad; sin temor a Dios, todo es vanidad (Ecl 12:13).

“Disfruta del amor, pero solo con tu esposa. Tu amor y fidelidad le corresponden sólo a ella; ¡jamás se los entregues a otra! Recuerda que el goce del matrimonio solo le pertenece a los dos, y nadie debe inmiscuirse en él. ¡Bendita sea tu esposa, la mujer de tu juventud! Ella es una gacela amorosa y agradable. ¡Qué sus pechos te dejen siempre satisfecho! ¡Qué su amor siempre te cautive! Hijo mío, ¡no te enredes con la mujer infiel! ¡Aléjate de sus caricias! Recuerda que el Señor mira todo lo que hacemos, no pierde de vista ninguno de nuestros actos” Proverbios 5:15-21 NBD.

Dios ha provisto al hombre lo que necesita porque Su buen Dios ha declarado desde su creación: “no es bueno que el hombre esté solo, le haré una ayuda idónea para él” (Gen 2:18). Estas palabras retumban en mi mente, porque Dios es perfecto y bueno en todo lo que ha creado y como lo ha creado. Es el hombre a quien no le fue suficiente, deseó ser como Dios (Gen 3:6b), y en su sabiduría desechó el mandato para vivir errante buscando en la creación lo que solo el Creador da, y por medio de quien lo da. No sólo nos ha dado la salvación y ha reconciliado con Él, sino que nos da Su Espíritu para caminar en este mundo caído, y además, provee una única compañera de vida con quien nos podemos gozar y deleitar.

¿Cuál es el problema?

Lo que nos impide encontrar deleite solo con nuestras esposas es el pecado. La constante insatisfacción a nuestra manera, la queja y la impaciencia, el egoísmo y autonomía. Estas formas de pecar solo denotan que estamos insatisfechos de alguna manera, este corazón constantemente desea más. No desea servir, sino ser servido. No desea amar, sino ser admirado. No desea perdonar, sino ser perdonado. Por esto y otras razones, Salomón advierte “Huye de la mujer infiel; no te acerques ni siquiera a la puerta de su casa” Prov 5:8. Al final, nos adoramos tanto que no tememos a Dios, quien ve todo lo que hacemos.

Hermanos, debemos tener cuidado de la mujer extraña porque tratara de separar y de causar división en su matrimonio, no porque ella sea el problema, sino porque ella saca a la luz el problema que hay dentro de nosotros. Ella nos tentará, los problemas en el matrimonio nos pueden engañar para justificar el desear y el pensar en otras mujeres que no son nuestra esposa. Dios en Su amor nos advierte claramente de nuestro pecado, y de esas situaciones comprometedoras a las que nos exponemos cuando volteamos la mirada a nosotros, y no a Dios.

Nuestra relación más importante es primeramente con Dios por medio de Su Palabra y en oración; guiados siempre y en todo momento por Su Espíritu, puesto que las tentaciones y los momentos de prueba están todos los días. Una foto, un mensaje, un saludo aparentemente inofensivo puede ser camino a muerte (Pro 5:23). Así inicia la tentación, con algo sencillo, pero necesitamos recordarnos y repetirnos constantemente, con temor y temblor, que vivimos delante de un Dios grande y maravilloso que nos ha salvado y amado.

En nuestra dependencia en Él, por medio de Cristo y Su Evangelio, es que podremos verdaderamente deleitarnos en y con la esposa que Dios nos ha dado.

¿Cómo perseveramos en deleitarnos en nuestras esposas?

El fundamento a recordar es Efesios 5:25-29 “amar a nuestra esposa como Cristo amó a Su Cuerpo y dio su vida por ella”. Es un amor sacrificial y verdadero que solo se puede llevar a cabo con Cristo en el centro de nuestras vidas. Nos podemos regocijar en sus mandamientos y en la mujer de nuestra juventud para que nuestro manantial sea bendito, cuando estamos regocijados en el Dador de esos mandamientos e imitamos a Cristo en ello.

La Palabra de Dios nos apunta a encontrar una plena satisfacción en nuestras esposas y es algo que solo podremos hacer por medio de conocer el amor de Cristo, mortificar la carne y someternos a Su Palabra. Al contrario de ver a nuestras esposas como el pecado nos la puede mostrar, necesitamos pedir a Dios nos ayude con nuestras luchas, a verla como esa gacela amorosa y agradable, y en quien cuyos pechos nos deleitamos. Las pastoreamos en vez de exigirles. Las amamos en vez de usarlas. Las servimos en vez de demandarles.

Doy gracias a Dios que, a pesar de este pecador necio, el me dio el privilegio de poder compartir todo con mi esposa. Aprendí a agradecer por ella, para amarla, cuidarla pastorearla a partir de tener completo mi gozo en Cristo. El deleitarnos en ellas, tanto espiritual como físicamente, es un mandato del Señor. Disfrutar de Su amor implica muerte a nuestro yo, a nuestras satisfacciones egoístas, y a fantasías o expectativas que se enfocan en nosotros o enseñanzas culturales infundadas en el pecado.  En las relaciones sexuales se lleva a cabo el ser una sola carne.

Podemos deleitarnos y vivir cada día con ella. Nos podemos disfrutar libremente para encontrar satisfacción en ella porque Cristo nos ha libertado para obedecer Sus mandamientos. No necesitamos buscar en otro lado lo que Dios nos llama a encontrar en nuestra esposa, y sí, queridos hermanos, esto es algo posible. ¡Gloria a Dios que perfectamente lo diseñó así! Para poder llevar un matrimonio completo y satisfecho en Cristo.

Si te ha sido difícil, o si estás pasando por una situación difícil en tu matrimonio, te exhorto hermano que busques al Señor, pidas a Él fortaleza, pide perdón urgentemente, perdonar si es necesario, pero no permitas que nada, ni nadie se interponga en tu matrimonio. Valora, cuida, ama verdaderamente a tu esposa, deléitate en ella, está alerta de las tentaciones que constantemente nos bombardean y llevemos a la práctica nuestra fe en Cristo, sin excusas y llenos de Su Espíritu por una relación verdadera con Dios.

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Publicado originalmente en Soldados de Jesucristo. Foto de Edward Cisneros en Unsplash

*Sergio Cano es esposo de Susana tienen tres hijos, Susana María, Sergio Alejandro y Daniela. Vive en la ciudad de Guatemala. Es diácono de iglesia Reforma, donde juntos sirven en discipulado a matrimonios e individualmente. Tiene un diplomado en consejería bíblica con la Organización Hope for the Heart.


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