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Por: H. Wayne House y Timothy J. Demy

Este artículo forma parte de la serie «Respuestas a preguntas sobre Jesús«

El bautismo de Jesús se registra en Mateo 3:13-17 y se menciona brevemente en Marcos 1:9-11 y Lucas 3:21-22. El bautismo también aparece implícito y se alude a él en Juan 1:29-34. En cada uno de esos relatos, el bautismo está vinculado con la unción de Jesús con el Espíritu Santo, y cada pasaje contiene la afirmación que hace el Padre de Jesús como Hijo de Dios, segunda persona de la Trinidad. Las tres personas de la Trinidad estuvieron presentes en el bautismo. La unción de Jesús con el Espíritu Santo en su bautismo supuso la inauguración del ministerio terrenal de Jesús que duró tres años y, según Mateo 12:18, cumplió la profecía de Isaías 42:1 (ver también el Salmo mesiánico 27, que identifica al Mesías como Hijo de Dios). Jesús es el Mesías-Siervo. El relato de Mateo nos dice que Juan el Bautista protestó diciendo que no le tocaba a él bautizar a Jesús, que debían invertirse los roles y que era Juan el que debía arrepentirse de sus pecados, no Jesús. El Señor admitió la lógica de Juan, pero insistió en que le bautizase por un motivo diferente: para cumplir “con toda justicia” (Mt. 3:15). Al aceptar el bautismo de Juan, Jesús validó el mensaje de Juan de que las personas debían prepararse para la salvación.

La unción de Jesús con el Espíritu Santo siguió el patrón mediante el cual se ungía a los reyes de Israel (1 S. 10:1; 1 R. 1:34-35, 38-39; 19:16; 2 R. 11:12), a los sacerdotes (Éx. 28:41; 29:7; 30:30-33; 40:13-15) y, al menos, a uno de los profetas (1 R. 19:16; ver también 1 Cr. 16:22 y Sal. 105:15). Solo en el relato de Lucas se nos dice que el Espíritu Santo descendió mientras Jesús oraba durante el bautismo. En cada uno de estos casos, la unción señaló un nombramiento o la colocación de un cargo.

Como Juan el Bautista, seguramente Jesús estuvo lleno del Espíritu Santo desde antes de nacer (Lc. 1:15), pero el descenso del Espíritu sobre Él en forma de paloma durante el bautismo señaló visualmente a Jesús como el  Mesías prometido, y sirvió para instalarle en ese oficio bíblico. Fue una afirmación visual de que Jesús era el Mesías prometido. Es el pronunciamiento divino de quién es Jesús, así como un reconocimiento de su ministerio. Empezaba públicamente la obra que vino a realizar en el mundo para salvar a la humanidad. La salvación ha llegado a los seres humanos en la persona de Jesucristo, como lo había anunciado Juan. Tres años más tarde, el Padre volvería a pronunciar desde los cielos las mismas palabras de aprobación, durante la transfiguración de Jesús (Mt. 17:5; Mr. 9:7; Lc. 9:35).

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Fragmentos tomados del libro «Respuestas a preguntas sobre Jesús» de H. Wayne House y Timothy J. Demy


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