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Por: John Piper.

Este artículo forma parte de la serie «La Navidad«

Hijos míos, que nadie los engañe. El que practica la justicia es justo, así como Él es justo. El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo ha pecado desde el principio. El Hijo de Dios se manifestó con este propósito: para destruir las obras del diablo.

1 Juan 3:7-8

Cuando 1 Juan 3:8 dice: “El Hijo de Dios se manifestó con este propósito: para destruir las obras del diablo”, ¿cuáles son “las obras del diablo” que tiene en mente? La respuesta es clara por el contexto.

Primero, 1 Juan 3:5 es un paralelo claro: “Ustedes saben que Cristo se manifestó a fin de quitar los pecados”. La frase se manifestó a fin de ocurre en el verso 5 y en el verso 8. Así que lo más probable es que “las obras del diablo” que Jesús vino a destruir sean los pecados. La primera parte del versículo 8 lo deja virtualmente claro: “El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo ha pecado desde el principio”.

El tema en este contexto es pecar, no la enfermedad o los vehículos averiados o los horarios desordenados. Jesús vino al mundo para que podamos dejar de pecar.

Lo vemos aún más claro si ponemos esta verdad junto a la de 1 Juan 2:1: “Hijitos míos, les escribo estas cosas para que no pequen”. Este es uno de los grandes propósitos de la Navidad—uno de los grandes propósitos de la encarnación (1Jn 3:8).

Pero hay otro propósito que Juan añade en 1 Juan 2:1-2: “Y si alguien peca, tenemos Abogado para con el Padre, a Jesucristo el Justo. Él mismo es la propiciación por nuestros pecados, y no solo por los nuestros, sino también por los del mundo entero”.

Ahora mira lo que esto significa: significa que Jesús apareció en el mundo por dos razones. Vino para que no siguiéramos pecando—es decir, vino para destruir las obras del diablo (1Jn 3:8); y vino para que hubiera una propiciación por nuestros pecados si pecamos. Vino para ser un sacrificio sustitutivo que quita la ira de Dios por nuestros pecados.

El resultado de este segundo propósito no es la derrota del primer propósito. El perdón no es para permitir el pecado. El objetivo de la muerte de Cristo por nuestros pecados no es que relajemos nuestra lucha contra el pecado. El resultado de estos dos propósitos de la Navidad, más bien, es que el pago que se hizo una vez por todos nuestros pecados es la libertad y el poder que nos permite luchar contra el pecado no como legalistas, ganando nuestra salvación, y no como temerosos de perder nuestra salvación, sino como vencedores que nos lanzamos a la batalla contra el pecado con confianza y gozo, incluso si nos cuesta la vida.

ARTÍCULO DE INTERÉS → ¿Cómo podemos los cristianos glorificar a Dios en este período navideño? – Sugel Michelén

Este artículo Jesús y los dos propósitos de navidad fue adaptado de una porción del libro Buenas nuevas de gran gozo publicado por Poiema Publicaciones. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.  Foto de Lina Trochez en Unsplash


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