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Por: Max Lucado.

Y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Efesios 3.19

No estuvo bien que los clavos hayan perforado las manos que formaron la tierra. No estuvo bien que el Hijo de Dios fuese obligado a escuchar el silencio de Dios.

No estuvo bien, pero ocurrió.

Porque mientras Jesús estaba en la cruz, las manos de Dios quedaron inmóviles. Le dio la espalda. Desoyó los gritos del inocente.

Se sentó en silencio mientras depositaban los pecados del mundo sobre su Hijo. Y no hizo nada mientras un grito un millón de veces más sangriento [que el de cualquiera] resonó en el cielo ennegrecido: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?»

¿Estuvo bien eso? No.

¿Fue eso justo? No.

¿Fue eso amor? Sí.

Tomado de Aplauso del Cielo


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