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Por: Charles Spurgeon.

Este artículo forma parte de la serie: «La oración – Charles Spurgeon»

“Manténgase orando en el Espíritu” JUDAS 20

Es una reflexión deliciosa considerar que Dios observa a sus hijos y no se sienta como un espectador indiferente ante sus conflictos y dificultades. El Señor conoce nuestras debilidades y flaquezas en la oración y, sin embargo, no está enojado con nosotros. Por el contrario, es compasivo y amoroso, y en lugar de cerrar la puerta de su misericordia, inventa formas para llevar al débil con su propia fortaleza. Su ayuda no se encuentra en un libro o en la repetición de ciertas palabras en cierto lugar consagrado, sino en la ayuda condescendiente del Espíritu Santo.

Comprendo que el Espíritu Santo está actualmente dispuesto a ayudarme a orar, que me dirá cómo hacerlo y que cuando llego a un punto en que me faltan palabras para expresar mis deseos, Él se hará presente en mi necesidad e intercederá por mí con gemidos indecibles. En su agonía en el Getsemaní Jesús fue fortalecido por un ángel; usted será fortalecido por Dios mismo. Este pensamiento no requiere de adornos de retórica alguna. Tome esta verdad como si fuera un lingote de oro de ofir y valórela como tal. Ella no tiene precio. Dios Espíritu Santo se complace en ayudarle cuando está de rodillas orando. Aunque no pueda articular ni siquiera dos palabras al hablar con la gente, Él le ayudará a hablar con Dios. Y si frente al trono de la gracia le faltan palabras, no fracasará en su intento de obtener la bendición de Dios y su corazón saldrá vencedor. Dios no necesita de las palabras para entendernos. Él nunca lee nuestras peticiones según nuestra expresión exterior sino de acuerdo a nuestro clamor interior. Él Señor toma nota del anhelo, del deseo, del suspiro y del clamor.

Recuerde que lo exterior de la oración es como la concha, y la oración interna es como la perla, su verdadera esencia.

Ciertamente, la oración que nace de la amargura y la angustia de un Espíritu desolado –un clamor disonante para los oídos humanos- es música para el oído de Dios. Tome nota de la importancia que en la oración tiene la disposición y la actitud del corazón y cobre ánimo.

Espíritu Santo, enséñame a orar fortaléceme en oración. Mi corazón es tuyo. Intercede por mí ante el trono del Padre. Amén.

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