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Por: Paul Washer.

La venganza de Dios está relacionada muy de cerca con su ira. En las Escrituras, el deseo de venganza se presenta frecuentemente como un vicio del hombre malvado (Lev. 19:18; 1 Sam. 25:25, 30-33); por lo tanto, es difícil para nosotros entender cómo un Dios santo y amoroso podría ser un Dios de venganza. Lo que debemos entender es que la venganza de Dios está siempre motivada por Su celo por la santidad y la justicia.

Hoy, muchos rechazan la doctrina de la venganza divina o cualquier enseñanza que por lo menos sugiera que un Dios amoroso y misericordioso pudiera ser vengador. Ellos argumentan que esas ideas no son más que las conclusiones erróneas de hombres primitivos que vieron a Dios como hostil y cruel.

Como cristianos, debemos rechazar cualquier doctrina que muestre a Dios como cruel o ignore Su compasión. Sin embargo, no debemos abandonar la clara enseñanza de la Escritura sobre la doctrina de la venganza divina. Dios es compasivo y clemente, lento para la ira y grande en misericordia; pero también es justo. Él castigará al pecador para vindicar Su nombre y administrar justicia entre Sus criaturas. A la luz del pecado del hombre, es correcto que Dios se vindique a Sí mismo. Dios pregunta tres veces en el libro de Jeremías: «¿Y no los he de castigar por esto? —afirma el SEÑOR—. ¿Acaso no he de vengarme de semejante nación?» (Jer. 5:9, 29; 9:9 NVI).

Lectura adicional: Salmo 94:1, Nahúm 1:2, Deuteronomio 32:39-42, Deuteronomio 7:9-10, Isaías 1:24, Hebreos 10:30-31.

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