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Por: Tim Challies.

El adulterio es un asunto serio. Al menos, es un asunto serio en la mente y el corazón del Dios que creó el sexo y el matrimonio y que puso sabios límites a ambos. Pero ¿por qué? ¿Por qué el adulterio es un asunto tan grave? Christopher Ash ofrece seis razones en su libro Casados para Dios y voy a seguir sus ideas a medida que avancemos.

El adulterio es un alejamiento de una promesa. En la mente del adúltero, la conquista de otra persona no es primero un alejamiento, sino un acercamiento, un acercamiento hacia alguien que es deseable y encantador. «Me lo merezco». «Ella satisface mis necesidades». «Él me entiende». «Ella hace cosas que mi esposa no hace». Pero, en el fondo, el adulterio es ante todo un alejamiento. Es alejarse de alguien a quien se le hicieron promesas en presencia de testigos. Lo que es más importante, es un abandono de las promesas hechas en presencia de Dios y, de ese modo, un alejamiento de Dios mismo.

El adulterio lleva al adúltero de la seguridad al caos. Como el adúltero se ha alejado, entra en una vida de lealtades en conflicto. «Una vez que se rompe la promesa, se quebranta la barrera, se derriba el muro seguro del matrimonio, se desata el infierno. Y el adúltero descubre que, después de todo, no ha cambiado un lugar seguro (su matrimonio) por otro lugar seguro (el nuevo hogar con la nueva pareja). Esa es la ilusión, pero la realidad es muy diferente. Los adúlteros pronto descubren que han entrado en un mundo en el que la infidelidad es la norma. Después de todo, si un conjunto de votos puede romperse, ¿por qué no otro?». Incluso cuando el adúltero permanece leal a esa nueva pareja, queda la vida dividida, la familia dividida, los recuerdos divididos. «Para el adúltero, la hierba parece mucho más verde del otro lado, pero no es tan verde como parece». Las acciones del adúltero lo alejan de la seguridad de la estabilidad y lo llevan al desorden.

El adulterio es secreto y deshonesto. El adulterio es inherentemente secreto, inherentemente deshonesto. Tiene que serlo porque nadie quiere pregonar que está rompiendo una promesa. El adulterio ama la oscuridad y huye de la luz, y mientras se pueda, trata de permanecer en secreto. «Mientras que la noticia de un matrimonio se difunde por medio de anuncios e invitaciones gozosos, la del adulterio se filtra por medio de rumores y bajo presión». Ay. Eso debería ser suficiente para que sepamos lo que hay en el corazón del adulterio, puesto que el pecado ama permanecer en la oscuridad mientras que la justicia ama la luz. El adulterio depende de un secreto deshonesto.

El adulterio destruye al adúltero. El adulterio no le hace ningún favor al adúltero. Al contrario, socava y erosiona el carácter y la integridad. «Como todo pecado secreto, carcome como una sustancia química nociva la integridad de quien lo comete. En el momento en que cualquiera de nosotros abre una brecha entre lo que decimos que somos en público y lo que realmente somos en privado, nos hacemos daño a nosotros mismos al nivel más profundo posible». ¿No es siempre así con el pecado? Promete mucho, pero cumple muy poco. Promete libertad y entrega cautiverio. Promete plenitud y entrega vacío. El adulterio destruye al adúltero, incluso cuando promete gozo y vida.

El adulterio daña a la sociedad. Podemos ampliar el alcance del individuo a la sociedad que lo rodea y ver que el daño continúa allí también. El adulterio daña la estructura misma de la sociedad. «Cada acto de adulterio es como una bola de demolición que golpea los muros seguros de la estructura de la sociedad. Provoca el odio y la enemistad. Fomenta una cultura que considera que los límites del matrimonio no tienen por qué ser tan rígidos». Nos encanta pensar que nuestros pecados son solo nuestros, que solo nos conciernen a nosotros. Pero no, nuestro pecado va mucho más allá de nosotros mismos y tiene un impacto sobre otros. Con el adulterio lo vemos incluso en las formas en que los amigos o colegas no están seguros de cómo hablar, cómo reaccionar cuando se enteran del adulterio. Vemos el daño que hace cuando dicen: «Al menos ahora está más feliz». El adúltero quita un ladrillo más de los cimientos del matrimonio.

El adulterio perjudica a los hijos. El adulterio causa un grave daño a una parte inocente: los hijos. «Debido a que los hijos están justo en el medio, en la intimidad del hogar familiar roto por las promesas traicionadas, oscurecido por los secretos y las mentiras, desgarrado por el conflicto y el odio». Los hijos prosperan cuando hay estructura, cuando hay estabilidad, cuando hay paz y orden. Los hijos son perjudicados cuando el adulterio trae caos, conflicto y desunión. Los hijos son partes inocentes que son terriblemente perjudicadas cuando el adulterio separa a sus padres.

En estos aspectos y en muchos más, el adulterio es un asunto de la máxima gravedad. No es de extrañar, pues, que la Biblia contenga advertencias tan serias y repetidas contra él: «No cometerás adulterio» (Éxodo 20:14 LBLA). «¿Puede un hombre poner fuego en su seno sin que arda su ropa? ¿O puede caminar un hombre sobre carbones encendidos sin que se quemen sus pies? Así es el que se llega a la mujer de su prójimo; cualquiera que la toque no quedará sin castigo» (Proverbios 6:27-29). «El que comete adulterio no tiene entendimiento; destruye su alma el que lo hace» (Proverbios 6:32). «Sea el matrimonio honroso en todos, y el lecho matrimonial sin mancilla, porque a los inmorales y a los adúlteros los juzgará Dios» (Hebreos 13:4).

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Foto de Charlie Foster en Unsplash

Este artículo se publicó originalmente en inglés en Tim Challies.


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