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Por: Elizabeth George

Este artículo forma parte de la serie «Una madre conforme al corazón de Dios»

El amor es un sacrificio, un sacrificio hermoso pero real. Nuestra primera bebé era el sueño de toda madre. Sonreía y era feliz en brazos. ¿Y nuestra segunda hija? Sus primeros seis meses los pasó gritando. Algunos días no era fácil vivir con ella bajo el mismo techo. Aun así, seguí cuidándola, amándola, haciendo todo lo que hace una madre mientras ella luchaba con sus cólicos, se retorcía y gritaba.

Por difícil que sea en ocasiones, Dios te ayudará y te mostrará en qué aspectos debes mostrar un amor sacrificado. Él nos recuerda que debemos ser obedientes aun cuando no nos apetece, porque hay un propósito mayor.

Madre, busquemos juntas a Dios para que Él nos capacite para ser mujeres que demuestren un amor sacrificado.

Dios, a veces soy como una niña caprichosa, hasta el punto de perder el gozo del amor sacrificado. Tu ternura apacigua mi espíritu y me da la paz que necesito para amar a mi hijo como tú me amas.

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Foto de Jamez Picard en Unsplash


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