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Por: A. W. Tozer

Este artículo forma parte de la serie «Encuentros con el Dios Todopoderoso»

En el día quinto del mes cuarto del año treinta, mientras me encontraba entre los deportados a orillas del río Quebar, los cielos se abrieron y recibí visiones de Dios. EZEQUIEL 1:1

A veces, los predicadores se dejan llevar y comienzan a sermonear sobre las grandes calamidades que plantean el comunismo, el secularismo y el materialismo. Sin embargo, nuestra mayor calamidad es el cielo cerrado, el cielo silencioso. Dios quería que estuviéramos en comunión con Él. Cuando los cielos se cierran, los hombres se quedan solos. No tienen a Dios.

Ezequiel y el resto de los fieles siervos de Dios aprendieron algo que nosotros debemos aprender. Si hay algo que valga la pena tener, tendrá que ser algo que obtengamos de Dios mismo. Los cielos se han cerrado desde que la humanidad comenzó a razonar con Dios fuera de nuestro mundo. Lo que solía ser la mano y la providencia de Dios, ahora es solo una ley natural […]

No obstante, en la fe cristiana es imperativo que el individuo se encuentre con Dios. No solo estamos hablando de la posibilidad de encontrarnos con Dios. No solo estamos diciendo que sería bueno
encontrarse con Dios. ¡Encontrarse con Dios es imperativo!

Señor, líbrame hoy de tu ausencia; abre las puertas del cielo y concédeme tu presencia. Haz que esto sea un imperativo en mi vida, tanto ahora como siempre. Amén.

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Foto de Moises Gonzalez en Unsplash

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