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Por: Charles Spurgeon.

Este artículo forma parte de la serie Estudio de los Salmos por Charles Spurgeon

SALMO 15:

Este Salmo de David no tiene título o dedicatoria que indique la ocasión en que fue escrito, pero es muy probable que su composición, junto con la del Salmo veinticuatro, que tiene con él una notable semejanza, estuviera relacionada con el traslado del arca al santo monte de Sión.

Lo llamaremos el Salmo de «La pregunta y la respuesta». El primer versículo hace la pregunta; el resto de los versículos son la respuesta.

Versículo 1. Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo?

Allí donde los ángeles inclinan sus rostros velados, ¿cómo podrá el hombre adorar en absoluto? C. H. S.

¿Quién es éste? Decidlo si podéis:
¿Quién llegará a esta firme morada?
Pilato dice: «¡He aquí el Hombre!»
Y Juan: «¡He aquí el Cordero de Dios!»
—John Barclay, citado por A. A. Bonar

Versículo 2. El que anda en integridad y hace justicia, y habla verdad en su corazón.

Observad el andar, obrar y hablar del hombre aceptado. Andar es de más importancia que hablar. Sólo es justo el que anda en integridad y hace justicia. Su fe se muestra mediante buenas obras, y por tanto no es una fe muerta. La casa de Dios es una colmena de obreros, no un nido de zánganos. C. H. S.

Cuando las ruedecillas de un reloj se mueven dentro de la caja, las manecillas de la esfera se mueven fuera. Cuando el corazón de un hombre es sano en su conversión, entonces la vida será hermosa en su profesión. Cuándo un conducto está cerrado a la vista, ¿cómo podremos juzgar de la fuente sino por las aguas que circulan y salen del caño? William Secker

Y hace justicia. Un justo puede hacer obras justas, pero no hay obras de un hombre injusto que puedan hacerle justo. Thomas Boston

La escalera de Jacob tenía peldaños, en los cuales no vio a nadie que estuviera quieto, sino que todos ascendían o descendían por ella. Asciende tú de la misma manera al extremo de la escalera, al cielo, y allí oirás a uno que dice: «Mi Padre está obrando ahora, y yo también obro.» Thomas Playfere

Pero observa aquí, dice David, «que obra justicia»; no que habla sobre la justicia, piensa u oye sobre ella; porque «no son los oidores de la ley, sino los obradores de la ley, los que son justificados». La única obra que podemos esperar que sea considerada y tenida en cuenta es la obra de justicia; todas las demás obras que nos impulsan o atraen bajo la apariencia de piedad no son nada. Martin Lutero

Y habla verdad en su corazón. Los anatomistas han observado que la lengua del hombre está relacionada con una doble cuerda al corazón. Thomas Boston

Estoy agradecido por la convicción y sentimiento que tengo de la maldad de mentir; el Señor aumente mi aborrecimiento a él. Me esforzaré por limpiarme de toda inmundicia: nunca habrá una lengua mortificada cuando haya un corazón sin mortificar. Benjamín Bennet, Oratoria cristiana

Versículo 3. El que no calumnia con su lengua, ni hace mal a su prójimo, ni hace agravio alguno a su vecino.

Todos los calumniadores son el fuelle del diablo para aumentar la contienda, pero son peores los que soplan desde detrás del fuego. Trapp dice que «el chismoso lleva al diablo en su lengua, y los que le escuchan, el diablo en su oído».

«¡Echad a este hombre!», decimos de un borracho; con todo, es discutible si su comportamiento zafio nos causará tanto daño como la historieta insinuante del chismoso. «¡Llamad a la policía!», decimos cuando vemos a un ladrón haciendo de las Suyas; ¿no deberíamos sentir indignación cuando oímos a un chismoso aplicado a su labor? «¡Perro rabioso, perro rabioso!» es un grito terrible y causa un gran alboroto, pero hay pocos perros que muerdan con tanta saña como las lenguas de los que llevan comidillas.

«¡Fuego, fuego!» es un grito que nos alarma, pero la lengua del chismoso está encendida en el fuego del infierno, y los que se ocupan en chismorrear harían mejor en cambiar, pues van a hallar que hay fuego en el infierno para las lenguas sin freno. C. H. S.

Y esto sería más tolerable si fuera la única falta del hombre impío, de los enemigos de la religión, porque como dice el proverbio: «La maldad procede del malvado.» Cuando el corazón de un hombre está lleno del infierno, no es de extrañar escuchar a esta persona que reprocha a los hombres de bien, incluso por su bondad.

Pero, ¡ay!, la enfermedad no se limita a esto; esta plaga no se halla sólo entre los egipcios, sino también entre los israelitas. Ten compasión de tus hermanos; ya es suficiente que los ministros y cristianos piadosos estén llenos de reproche hacia el malo, no hay necesidad de que tú aportes tu porción en esta forma diabólica. Matthew Poole

La víbora sólo hiere cuando pica; las hierbas o raíces venenosas sólo matan al que las masca, maneja, huele o se acerca a ellas; pero el veneno de las lenguas calumniadoras es mucho más letal y pestífero; porque a escondidas mata y hiere, no sólo de cerca, sino también de lejos; no sólo en casa, sino también fuera; no sólo en nuestra nación, sino en los países extranjeros; y no tiene compasión ni de vivos ni de muertos. Richard Turnbull

Versículos 3, 4 y 5.

¿Qué me importa ver a un hombre conmovido al escuchar un sermón, si engaña y miente tan pronto como llega a su casa? El que no tiene religión para gobernar su moralidad no es mucho mejor que mi mastín; en tanto que se le acaricia, complace y no se le pellizca, jugará contigo como si fuese un animal bueno y moral; pero si le dañas, se te echará a la cara y te desgarrará el cuello. John Seldon

Versículo 4. Aquel a cuyos ojos el vil es menospreciado, pero honra a los que temen a Jehová.

Un pecador adornado con una cadena de oro y vestidos de seda no puede ser comparado con un santo en harapos, como la lumbre de un candelero de plata con el sol tras una nube. C. H. S.

El condenar al malo y honrar al piadoso son cosas que están en oposición. Dios no aborrece a nadie, pero no hay nada más que aborrezca en el mundo que el pecado. Peter Baro

Agustín, como dice Posidonio, para mostrar cuánto aborrecía a los chismosos y calumniadores de los demás, tenía dos versitos escritos sobre su mesa; la traducción de los mismos es como sigue:

Aquel a quien le gusta difamar al ausente,
Sepa que en esta mesa no puede estar presente.
—Richard Turnbull

Aquel que jura para su propio daño, y no cambia después.
Sus palabras son firmes como oráculos;
Su amor, sincero; inmaculado es su pensamiento;
Sus lágrimas, del corazón mensajeros directos;
Su corazón se halla del fraude tan distante
Como lejos se halla el cielo del infierno.
—William Shakespeare

Versículo 5. Quien su dinero no dio a usura, ni contra el inocente admitió cohecho.

Los teólogos puritanos están casi unánimemente en contra de aceptar interés alguno por un préstamo de dinero, y llegan a decir que prestar a un penique por ciento al año basta para llevar al infierno al que persiste en hacerlo. El exigir un interés excesivo es un pecado detestable; el percibir los intereses usuales y corrientes en un país comercial no es contrario a la ley del amor.C. H. S.

Por usura se entiende generalmente la ganancia de algo por encima del capital, o sea lo que se presta, exigido sólo en consideración al préstamo, se trate de dinero, trigo, mercancía u otra cosa semejante. Es considerada como una ganancia ilegítima la que una persona hace por medio de su dinero o bienes. Alexander Cruden

No hay clases de usura peores que una manera injusta de hacer tratos, en que la equidad es puesta a un lado por los dos participantes en el trato. Recordemos, pues, que todos los tratos en que uno injustamente procura ganar por medio de la pérdida del otro, se les dé el nombre que se quiera, han de ser condenados.

Se puede preguntar si todas las clases de préstamos a interés han de ser puestas bajo esta denuncia y ser consideradas como ilegitimas. Si las condenamos a todas sin distinción, hay el peligro de que muchos se vean llevados a una situación apurada en que, viendo que han de incurrir en pecado en cualquier forma que se muevan, puedan sentirse desesperados y, por ello, se lancen a toda clase de usura sin discriminación.

Por otra parte, cuando admitimos que algo puede hacerse legalmente en esta dirección, muchos pueden creer que se les da carta blanca, y piensan que se les ha concedido hacer uso de la usura sin control o moderación.

No es sin causa que Dios, en Levítico 25:35-37, prohíbe la usura, añadiendo esta razón: «Y cuando tu hermano empobrezca y se acoja a ti, tú lo ampararás; como forastero y extranjero vivirá contigo. No tomarás de él usura ni ganancia, sino tendrás temor de tu Dios, y tu hermano vivirá contigo.

No le darás tu dinero a usura, ni tus víveres a ganancia.» Vemos que el fin que motiva la ley fue que el hombre no oprima cruelmente al pobre, sino que le reciba con simpatía y compasión.

De donde se sigue que la ganancia que adquiere el que presta su dinero a interés sin causar opresión a otro no está incluida dentro del capítulo de la usura injusta. La palabra hebrea neshek que emplea David, se deriva de otra que significa «morder», lo cual muestra suficientemente que la usura es condenada en cuanto al hecho implicado en ella de llevar a la licencia de robar y esquilmar a nuestro prójimo.

En resumen, siempre que hayamos grabado en nuestro corazón la regla de equidad que Cristo prescribe en Mateo 7:12: «Así que, todo cuanto queráis que los hombres os hagan a vosotros, así también hacedlo vosotros a ellos», no será necesario entrar en una discusión prolongada respecto a la usura. Juan Calvino

El que hace estas cosas, no resbalará jamás. No es el que oye mucho o habla mucho de religión, ni el que predica u ora mucho, ni el que piensa mucho sobre estas cosas y tiene buena intención, sino el que hace estas cosas -el que realmente se ocupa en ellas- el que es religioso y verdaderamente piadoso.

No es el que profesa de modo formal, el que discute mucho, el perfeccionista; no es el que oye constantemente o habla sin cesar, ni el maestro laborioso, ni el hermano dotado, ni el que tiene buenos deseos pasajeros, sino que el que honrada y sinceramente hace estas cosas, permanecerá firme en la prueba, en tanto que todas las pretensiones falsas arderán y se consumirán bajo las llamas escudriñadoras, como paja y hojarasca, según expresa el apóstol.

El llevar la librea de Cristo y no servirle, es una burla para el Maestro; el admitir en nuestra profesión y negar en nuestra vida práctica, es como el caso de Judas: Traicionarle con un beso de homenaje; como el de los rudos soldados, inclinar la rodilla delante de El y, entretanto, golpearle la sagrada cabeza con el cetro de caña; y como Pilato, coronarle de espinas, crucificarle y escribir sobre su cabeza «Rey de los judíos»; en una palabra, injuriarle con nuestros honores y herirle con nuestros reconocimientos.

Profesar ser cristianos sin que haya una vida que corresponda, no sólo no contribuirá en forma alguna a salvar a nadie, sino que agravará la condenación del tal; una amistad fingida, en el gran día de los descubrimientos, se verá que es la peor de las enemistades. Una mera formalidad externa de adoración es, a lo más, el sacrificio de Prometeo, un esqueleto de huesos y un fraude religioso. Condensado de Adam Litleton

Porque si fuera bastante con leer o escuchar estos preceptos, entonces habría un número ingente de personas vanas y malvadas que entrarían y seguirían en la iglesia, que, después de todo, no tienen lugar en ella; porque hay muy pocos, o ninguno, que no haya leído o escuchado estas cosas. A pesar de ello, no las hace. Richard Turnbull

Charles Haddon Spurgeon, (19 de junio de 1834 – 31 de enero de 1892) fue un pastor bautista inglés. Aún es conocido por la gente como el Príncipe de los Predicadores.


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