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Por: H. Wayne House y Timothy J. Demy

Este artículo forma parte de la serie «Respuestas a preguntas sobre Jesús«

Hacia el final de su vida, Jesús reunió a su círculo interior de discípulos (Pedro, Jacobo y Juan) en un monte alto, para revelarse a ellos de un modo que no había utilizado antes (Mt. 17:1-8; Mr. 9:1-8). Algunos han identificado este acontecimiento como algo que sucedió en el monte Tabor de Galilea, pero esta montaña es solo una entre muchas otras en la zona, de modo que la descripción de que se trataba de un monte alto no es precisa.

Seguramente la transfiguración tuvo lugar en el monte Hermón, situado en la zona sur del Líbano, una montaña de casi 3.000 metros de altura, que además encaja geográficamente con el ministerio de Jesús en el sector norte de Israel.

Al principio del ministerio de Jesús, durante su bautismo, la voz del Padre descendió de los cielos y el Espíritu de Dios se manifestó bajo la forma de una paloma para identificar a Jesús como el elegido, el Mesías prometido en el Antiguo Testamento. Durante la transfiguración, también se deja oír la voz del Padre, y los discípulos escuchan que Jesús es el Hijo amado del Padre. Sin embargo, existen algunas diferencias entre estos dos acontecimientos, y son unas diferencias que tienen unas consecuencias teológicas importantes.

Durante su bautismo, Jesús apareció como cualquier otro hombre, identificándose con el pueblo de Israel. Durante la transfiguración, se revela como Dios, con la luminosidad divina, la gloria shekiná que brilla a través de su cuerpo (Mt. 17:2-3), el unigénito del Padre. Al ver la transfiguración, el apóstol Pedro quiso equiparar a Jesús con los héroes de Israel, Moisés y Elías, que representaban la ley y los profetas, y pretendió levantar un tabernáculo para cada uno de ellos. Aunque esos grandes profetas ocuparon un lugar importante en la historia de Israel y de la salvación, Jesús destaca sobre ellos como la revelación última y completa de Dios y como el Salvador de la humanidad; por consiguiente, el Padre hace que esos profetas se desvanezcan, dejando solo a Jesús con los discípulos y ordenando a estos que le escuchasen (Mt. 17:5-8).

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Fragmentos tomados del libro «Respuestas a preguntas sobre Jesús» de H. Wayne House y Timothy J. Demy


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